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'KKM! Cortejo {WolfYuu} por amourtenttia

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Notas del capitulo:

¡Hola! Gracias por interesarte en esta historia. Antes de perder tu atención creo que deberías tomar en cuenta unas cosas antes de leer esta historia~


 


La idea en torno a la que giró la base de todo es, quiero darle un poco la vuelta a la imagen femenina de Wolfram. Aunque me encanta de cualquier manera, llevo mucho tiempo con una idea como la de este fanfic. Aunque intento ponerlo por escrito, creo que es más fácil decir esto. Shin Makoku es muy tradicional en algunas cosas. No hay donceles como tal -por allí no va la cosa con el mpreg- pero si educan a determinados hombres para ser "esposas". Evidentemente, Wolfram no era uno de esos. 


 


Básicamente es un fanfic donde Yuuri será esposa y madre. Ups. Spoiler Alert LOL. No les diré nada más, lo prometo. Espero les guste.


 


 

El tiempo era completamente relativo cuando se trataba de viajar entre los mundos. La Tierra y Shin Makoku tenían un modo particular de pasar los días, semanas, meses y años. Lo que fueron apenas 3 años para Yuuri, para Wolfram formaban casi 6 años. No era como si alguien se animase a comentar aquello a su Majestad, por supuesto. Greta tampoco había cambiado demasiado en ese tiempo, pues, pese a ser humana, en su mundo el tiempo continuaba siendo eso... Relativo. Lo que para el rubio príncipe fue una eternidad esperando, para Yuuri fueron apenas momentos entre la escuela y los amigos.

 
En ese tiempo, Lord Bielefeld razonó incansablemente su comportamiento para con su prometido, el rey de Shin Makoku. Y para total sorpresa de éste, a su regreso, decidió dar marcha atrás en muchos aspectos de su relación. Comenzó de golpe al informarle que no compartirían más el lecho, dado que no hablaba bien de su relación. Yuuri no quiso quejarse por ello aunque la decepción se notó en sus ojos al momento de oírlo. El tiempo lejos de su rubio le provocó extrañar incluso los pequeños gestos que en un primer momento le resultaban desesperantes. Y uno de ellos era saber que cada noche estaría ahí con él durmiendo.
 
Otro gran cambio fue la distancia que se formó entre ellos. Wolfram comenzó a dedicar más tiempo a sus entrenamientos y a la educación de su hija, que a mantenerse escoltando de manera tan recelosa a su futuro esposo. Para sorpresa del moreno, Wolfram cedió con sus hermanos, poniéndolo al cuidado de ambos. Yuuri sabía de antemano que su prometido confiaba en ellos... Pero nunca se había esperado el tremendo sentimiento de tristeza que le embargó cuando supo que no estaría más bajo su manto. Era problemático a veces, otras tantas no daba su brazo a torcer, Gwendal incluso podía culparlo de irrazonable, pero era quien más se preocupaba por él. Yuuri no se atrevió a pedir que le acompañara a ningún sitio luego de ello, demasiado avergonzado al saber que anhelaba precisamente eso, ser escoltado por el celoso príncipe. Y dejó las cosas ser.
 
Para rematar con todo lo anterior, Shibuya Yuuri comenzaba a perder demasiado tiempo tratando de buscar explicaciones que antes no había necesitado. O pensado siquiera en buscar.
 
Comenzó una buena noche en que su hija se quedó a dormir junto a él en su cuarto, una de las tantas noches en la que la cama le resultaba demasiado grande sin la presencia del otro; Greta se había quedado dormida luego de un rato largo en donde platicaban de temas diversos...
 
Yuuri se quedó vigilando por largo tiempo descanso de su pequeña, hasta que su mirada, sin querer, se topó con el enorme armario de la habitación. Pocas prendas de Wolfram permanecían dentro de éste. Él solo pudo darse cuenta de que estaba delante de la puerta de una habitación ajena a la suya cuando escuchó los pasos de alguien al otro lado.
 
En sus manos, traía una de las chaquetas militares de su prometido. Recordó vagamente que Gunter y Gwendal le hablaron sobre un evento que tendría lugar próximamente, donde Wolfram debería asistir vistiendo de manera impecable la gran cantidad de medallas que poseía por sus distintas habilidades. Quizá no tan reconocido como sus hermanos, quienes por décadas le ganaban en esas artes, pero si bastante reconocido por sus propias capacidades.
 
—¿Yuuri? —inquirió curioso el rubio, al momento de observarle delante suyo luego de abrir la puerta.
 
El ceño fruncido se había desvanecido al reconocer a su futuro esposo delante de él. Yuuri, por su parte, tardó un poco más en reorganizar sus pensamientos. Estaba por excusarse por la molestia a esas horas de la noche, cuando se permitió observar bien al hombre que estaba frente suyo.
 
Wolfram se encontraba recargado contra la puerta, a la espera de sus palabras, con el cabello desordenado. Seguramente había estado ya acostado en la cama cuando él llegó a importunarlo. No fue esto lo que provocó mutismo en el rey, ni la expresión de confusión de su rostro.
 
—¿Dónde está tu camisón?—cuestionó con una voz que sonó más contrariada de lo que habría esperado, el tono sonó incluso acusador
 
La chaqueta que continuaba en manos del menor quedó totalmente olvidada llegados a ese punto.
 
Los ojos negros habían recorrido el cuerpo ajeno con avidez al percatarse de la ausencia de la prenda. O de cualquier otra que cubriese el blanco pecho. Salvo en pocas ocasiones —y no es que las hubiese contado realmente, pero no eran más de 10—, Yuuri no había visto al otro con el torso desnudo. Por sus propias inseguridades, siempre se negaba a ir con él a baños públicos. Hecho que hacía enojar al mayor, dado que era bien sabido que incluso Yozak gozaba de esa clase de salidas a su lado.
 
—Me siento más cómodo durmiendo así —respondió Wolfram extrañado, parecía incluso confundido por la repentina pregunta del otro, obviando completamente el tono demandante— Odio usar esas cosas... —agregó, luego de un silencio.
 
Yuuri permaneció callado, siendo presa de la profunda sorpresa que provocó la revelación. ¿Wolfram odiaba usar camisones para dormir? Eso debía ser una broma. Desde que lo conoció no recordaba ni una noche que no lo viera con ellos...
 
Su rostro debió de mostrar lo que pensaba, pues su prometido soltó un suspiro antes de comenzar a decir...
 
—El idiota de Gunter pensó que te sentirías más cómodo conmigo si me vestía de esa manera... Mi hermano no hizo nada por desmentirlo, así que asumí que era algo real. Pero ese no fue el caso, ¿no es así?.
 
—Si no te sentías cómodo usándolas, ¿cuál era el punto de hacerlo? Podías dormir como prefirieras... —intentó decir Yuuri, extrañado
 
No quería indagar más en cómo Gunter tomó esa resolución, o por qué la opinión de Gwendal al respecto convenció al rubio.
 
Escuchó una especie de bufido por parte del otro, obligándolo a alzar ligeramente la vista. Ni siquiera se dio cuenta cuando desvió la mirada del marcado abdomen del rubio para concentrarse en el suelo.
 
—Yuuri, casi perdiste la cabeza cuando me viste desnudo la primera vez... No podía simplemente meterme a la cama sin ropa.
 
—¿¡Duermes desnudo!?—casi gritó, asombrado, aunque no sabía realmente si debía sorprenderle.
 
Wolfram siempre se quejaba del calor que le provocaba dormir en su habitación. Siempre lo atribuyó a todo menos el condenado camisón que, dicho sea de paso, se veía de todo menos cómodo.
 
La sonrisa que se forma en los labios del mayor le parece la cosa más bonita que ha visto en días, y el sonrojo que le provoca no sabe si debe atribuirlo a eso, a su parcial desnudez, o la vívida imagen que tiene de él en su lecho, esperándolo para descansar.
 
—Enclenque, aunque me da gusto hablar contigo... No creo que hayas venido hasta aquí solo para interrogarme sobre cosas que deberías saber...
 
Yuuri se sintió avergonzado. Claro, debería conocerlo mejor. Era su futuro esposo después de todo.
 
—No tenía idea de que odiabas usar esa cosa —murmuró, a modo de disculpa, apartando la mirada.
 
No podía ponerlo de otra manera. Excusarse por orillarlo a vestir de esa manera sonaba estúpido de cualquier otra forma en que lo pensara.
 
Escuchó al otro removerse en su sitio, antes de sentir una mano tibia posarse en su nuca, acariciando su oreja, perdiéndose entre sus cabellos.
 
Sus ojos buscaron las esmeraldas del otro de manera instintiva. No había más que una extraña calma en éstos, unida a lo que parecía culpa. O quizá fuese mejor llamarlo frustración.
 
—Cambié muchas cosas por ti, Yuuri... Y lo sigo haciendo —declaró, sereno.
 
Segundos después, los dedos del mayor delinearon la quijada del rey, hasta alcanzar los labios, que se estremecieron bajo su tacto.
 
—No voy a volver a apresurarte a aceptar nuestro compromiso. Hablé con mis hermanos... Estuvimos de acuerdo en que eres demasiado joven incluso para ser un humano adulto en tu mundo.
 
Shibuya intentó sonreír.
 
—No soy tan joven allí...
 
Wolfram le miró con un sentimiento que el menor no supo descifrar. Como si estuviese meditando sus palabras.
 
—Eres un niño para mí —respondió, luego apartó su mano sin prisa, observando la prenda que continuaba en manos del otro— ¿Traías eso para mí?
 
El Maou pareció confundido unos segundos, antes se asentir.
 
—Gwendal dijo que irías a ese evento, y que necesitarías las medallas... Pensé que te haría falta.
 
—Creo que tengo suficientes en la que pretendo llevar —confesó, divertido.
 
Incontables reconocimientos estaban ya incrustados en sus prendas. No eran tantos como se esperaba de él, pero la realidad era que no quiso ir a la habitación del otro a buscar los que faltaban. Le daba la sensación de que invadir su espacio luego de haberse apartado traería más problemas.
 
Esta vez, Yuuri pudo reír más fácilmente, para sorpresa del otro, que solo sonreía al verlo tan alegre.
 
—¿Eres el mismo chico que me dijo que el esposo del rey debía ser el mejor en todo?
 
Wolfram se sonrojó levemente, casi preguntándose si Yuuri había sido capaz de adivinar la línea de sus pensamientos segundos antes.
 
—Idiota, intentaba impresionarte.
 
Yuuri sonrió sinceramente, y se pasó una mano por la nuca antes de confesar:
 
—Tu siempre has sido impresionante, Wolfram.
 
.
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.
.
 
El saber que Wolfram había estado actuando de manera distinta a su alredor por tanto tiempo fue un hecho que descolocó al Maou por varios días. Se atrevió incluso a cuestionar a sus más cercanos, encontrándose primero contra paredes firmes, como lo eran Conrad y Gunter, sorprendentemente. Ninguno parecía dispuesto a soltar palabra sobre el rubio príncipe, y no fue sino hasta que habló con Gwendal que comprendió mejor qué tipo de cambios realizó su prometido para intentar complacerlo.
 
—No es inusual contraer matrimonio con un hombre —dijo, serio como siempre, mientras continuaba rellenando documentos sobre su escritorio— Sin embargo, con nosotros, los hijos de la reina.... Se esperaba que nos uniéramos a doncellas de alta cuna, como su ex prometida, Elizabeth.
 
La sola mención de aquella mujer le causó malestar.
 
—Se espera que la sangre real se mantenga por generaciones, por eso educarnos como caballeros era lo ideal.
 
Yuuri sintió que se estaba perdiendo de algo.
 
—¿A qué te refieres exactamente, Gwendal? ¿Por qué la educación tendría que ser distinta?
 
El mayor levantó la vista de sus papeles, y le miró por un instante, preguntándose si realmente estaba cuestionándole aquello. Un solo choque con sus ojos y vio la verdadera duda en ellos. Tuvo que recordarse que en la Tierra las tradiciones eran totalmente distintas. Por su pareja supo que incluso la relación entre dos hombres continuaba siendo un tema complicado, por lo tanto asumió que la diferencia que se daba en Shin Makoku con respecto al entrenamiento para ellos era igualmente diferente. Suspiró para sus adentros. Se puso de pie, y con una seña le pidió seguirlo. Yuuri así lo hizo. Se acercaron hasta los grandes ventanales que daban hacia los jardines, desde su posición, podían observar a Gunter yendo de un lado a otro dando órdenes. El dichoso evento de Wolfram se llevaría acabo allí mismo, en el Castillo. La guardia real mostraría sus respetos a su majestad.
 
—Cuando miras a mi esposo... —comenzó a decir Gwendal, tranquilo— ¿Piensas que es como Conrad o yo?
 
El menor frunció el ceño, casi ofendido. No comprendiendo si Gwendal realmente estaba intentando menospreciar al otro o no.
 
—Es tan fuerte como ustedes... Incluso más de vez en cuando —respondió, receloso, mirándolo acusadoramente
 
Gwendal ahora sí suspiró de manera audible.
 
—No se trata de fuerza, majestad... Míralo atentamente... ¿Es Gunter como Conrad? ¿Actúa como yo?
 
A Yuuri le tomó un par de minutos más comenzar a ver hacia dónde se dirigía todo el asunto. Claro que era consciente de que eran distintos. Absurdamente diferentes. Fue especialmente consciente de ese hecho desde la primera vez que habló con él, el día que llegó a ese mundo. Comparándolo ahora mismo con ellos... Sí, era cierto. Gunter era ajeno a ese tipo de actuar. Algo en toda su persona estaba en una sintonía totalmente distinta a la que Conrad o Gwendal tenían. Ese mismo hecho le provocó problemas incontables ocasiones, donde desconocía cómo actuar alrededor de todos ellos.
 
—No... Él no es... ¿A Gunter...? —quiso preguntar, pero no encontró las palabras para hacerlo. No estaba seguro tampoco de qué deseaba preguntar exactamente.
 
 
—Lo educaron para casarse con un varón... A mi hermano no —explicó Gwendal, regresando a su trabajo, pronto otro papel se mostraba delante suyo, captando su atención— Wolfram esperaba casarse con una dama, no otro hombre... Especialmente no con el rey —resumió, no queriendo meterse más de lo que estaba haciendo.

 

Wolfram seguramente estaría bastante molesto si se enteraba de que estaba hablando de ello con su prometido, de entre todas las personas.
 
De alguna manera, aquello le hizo sentir insultado.
 
—¿Tiene eso algo de malo?—contestó Shibuya, con cierta rudeza.

 

En el momento en que ocurrió él era un completo inepto en cuanto a las costumbres de allí... Pero no por ello podía decir que estuviese enfadado con su compromiso. Quería a Wolfram. Había aprendido a hacerlo. Más aún, había aprendido a aceptar que lo hizo casi desde el primer momento. ¿Era realmente tan malo que el rubio fuese a casarse con él, de entre todos los demonios del reino?
 
Gwendal dejó de lado la pluma con la que escribía, haciendo que el otro se tensara en su sitio. Su tono había sido seco, probablemente más rudo de lo que debería. Y Gwendal seguramente no dejaría pasar aquella falta de respeto, ni siquiera si era por parte del rey.
 
—Mi hermano está obligado a someterse a los estándares que nos rigen...Y su deber como su prometido es obedecerle a usted. Ser dócil con usted... Olvidarse de su orgullo por usted.
 
Yuuri frunció el ceño.
 
—Yo nunca le pediría algo así, y lo sabes —replicó dolido el menor, pero sonó más molesto que triste.
 
Gwendal le dedicó una mirada fría, que le hizo sentir tremendamente intimidado. Bajó la mirada por reflejo. Aquel hombre imponía cuando era ese su deseo.
 
—No necesitates pedirlo, Yuuri... Lo aceptaste... Ese es el problema —gruñó Gwendal, olvidándose de las formalidades— Y el que no sepas lo que te corresponde hacer solo le trae más vergüenza. Incluso si está dispuesto a hacer lo que debe hacer, él no está preparado para dejar todo de lado para ajustarse a la sociedad en la que vivimos.
 
El menor ahogó un suspiro, llevó sus manos a la cabeza y sintió deseos de jalar su cabello en un intento de calmarse.
 
—¿Qué se supone que haga entonces? ¿Resignarme a arruinarnos a ambos? ... Incluso con todas las lecciones de Gunter, siento que no aprendo nada de lo que es realmente importante. ¿De qué me sirve aprender sobre cómo tratar al rey de otro continente si no puedo siquiera convivir con Wolfram adecuadamente?

 

Gwendal no respondió. No queriendo admitir que aquella expresión el otro le descolocaba. Si bien el Maou nunca le faltó el respeto a su hermano de manera consciente, Voltaire no se esperaba que tuviese la suficiente consideración como para interesarse más de lo necesario.

 

—¿Cuándo planeaban decirme que solo estoy deshonrando a mi prometido? ¿Hasta la boda?
 
Los ojos de Gwendal se abrieron momentáneamente por la sorpresa, Yuuri ni siquiera fue consciente de ello hasta que el mayor carraspeó ligeramente.
 
—Majestad... Usted realmente.... —comenzó, serio, intentando ocultar la sorpresa de su voz — ¿Realmente desea casarse con mi hermano?
 
El menor levantó la vista, encontrándose con la pesada mirada del mayor. Se sintió enrojecer sin remedio. Bajó la mirada antes de llenarse de valor para volver a enfrentarlo, con el ceño fruncido, y la ofensa escrita en su rostro.
 
—Por supuesto que quiero casarme con él... Sé que soy un imbécil, pero no mantendría un compromiso por 3 años si no tuviera intención de casarme...
 
Gwendal quiso decirle que el tiempo era algo más que eso, pero los toques de la puerta lo impidieron. Intentó ignorar el orgullo que se instaló en su pecho ante la seguridad del joven monarca. Se puso de pie, y camino hasta él. Colocó una mano sobre su hombro.
 
—Debe de hablar con él... Nuestras tradiciones demandan cortejos prematrimoniales, incluso en situaciones extraordinarias como la suya. Si desconoce el proceder debería darle oportunidad a mi hermano... 

 

Definitivamente el rubio tendría deseos de arrancarle la cabeza en el segundo en que supiera que había hablado demás. Yuuri no parecía totalmente convencido, quizá aún inseguro de actuar. Gwendal continuó:

 

—Se preparó mucho tiempo para cortejar a su futura esposa, para mantenerla contenta. Quizá esa sea la razón por la cual aceptó tan fácilmente hacer lo necesario por hacerlo feliz.
 
Yuuri no tuvo tiempo de avergonzarse más, pues los insistentes golpes en la puerta continuaron hasta que ambos se dirigieron a esta, el menor listo para salir. Tenía la sensación de que, incluso cuando podrían seguir por horas, esa conversación no le daría ya más respuestas. 
 
La inconfundible voz de Conrad sonó desde fuera.
 
—No seas terco, Yozak —decía, provocando que Gwendal alzara un ceja al oírlo— No puedes amanecer un día y venir aquí sin siquiera escucharme...
 
—Te esperé suficiente tiempo, Conrad. No es la primera vez que lo discutimos... —replicó el pelirojo, irritado, golpeando la puerta de nuevo — ¡Gwendal! ¡Necesito hablar contigo!—demandó, con insistencia
 
El mayor sintió que una vena saltaba en su frente. Primero su cuñado más joven... Y ahora ese hombre... ¿Por qué sospechaba que no sería bueno?
 
No alcanzó a abrir la puerta, pues Shibuya fue quien se encargó de hacerlo, mirando al par fuera con verdadera curiosidad.
 
—¡Majestad!—exclamó sorprendido su padrino, mientras a su lado, Yozak solo miraba al mayor con una seguridad imposible
 
—Yozak... —advirtió Gwendal, sospechando que el comentario que venía no le haría bien
 
—¿Qué es lo que ocurre?—murmuró confundido Yuuri, mientras Conrad se sonrojaba, intentando buscar una explicación para toda la escena
 
—Vengo a pedir la mano de tu hermano, Gwendal —declaró Yozak fríamente, y luego tomó la mano del nombrado, que miró con terror a su ahijado
 
Nunca había tenido oportunidad de contarle siquiera...
 

—¿Su mano? ¿Te interesó siquiera nuestra opinión cuando lo sedujiste en primer lugar? —respondió el mayor molesto


 

No era como si desaprobara la relación de su hermano menor. La realidad era otra. Si Conrad decidía pasar su vida al lado de otro hombre, Gwendal no podía pensar en mejor opción que Yozak. Nadie más merecía siquiera soñar con el castaño. 
 
El Maou miraba la escena casi como si estuviese viendo todo de manera astral a metros de distancia, sin poder creerlo. ¿Conrad y Yozak? Verdaderamente era algo que no esperaba... Aunque, honestamente, tampoco creyó que Gwendal y Gunter estuviesen casados desde que los conoció —se enteró años después, y solamente porque se los cruzó mientras celebraban su 10° aniversario—.

 


—Realmente fueron tres largos años... —musitó en voz baja, sin darse cuenta


 

Él sabía, y estaba completamente seguro de ello, que antes de partir, Conrad estaba aun unido al recuerdo de Julia. Tanto así que cuando Yuuri le sugirió volver a enamorarse él confesó que no existía nadie en el mundo que pudiese ocupar sus pensamientos de esa manera... Le dio gusto saber que Yozak había logrado hacerlo.

 


—¿¡Ah!?—exclamó el pelinaraja confundido, mirando por primera vez al menor— ¿Tres años? Majestad, creo que tanto viaje lo dejó confundido...


 


—Yozak... —intentó callarlo su ahora prometido


 

El cómo habían llegado siquiera a aquella conversación, o porqué había insistido tanto en hablar con su hermano para pedir su bendición quedó olvidado. Yuuri no debía saber que abandonó el reino por más tiempo del que estaba pensando... Había prometido que él nunca...

 


—Usted estuvo fuera de Shin Makoku por 6 años —dijo Yozak, ignorando olímpicamente al castaño.


 

Luego todo fue un completo silencio. Conrad deseó palmearse el rostro en clara muestra de resignación, mientras Gwendal fruncía el ceño. Ya había aceptado que en algunas horas, con suerte al amanecer siguiente, Wolfram iría a su oficina a despotricar en contra del trío. Se hizo la nota mental de pedirle a su esposo un té para la noche.

 


—¿Qué? —fue lo único que pudo responder Yuuri, intentando convencerse de que había escuchado mal, sonrió forzadamente— Estás bromeando, ¿no? 


 

Yozak se mostró especialmente serio, como si hubiese recordado algo que le provocaba malestar. Y así lo demostró cuando dijo:

 


—Me tomó tres años convencer a Conrad de darme la oportunidad de...


 

El pelinaranja no pudo terminar, pues un muy sonrojado castaño le cubría el rostro con ambas manos, mientras el humo casi parecía escapar por sus oídos.
 

—Él no necesita saber eso—gruñó, avergonzado

 
La discusión que se desató entre la pareja no hizo más que irritar al hermano mayor, quien se llevó una mano a la frente. A su lado, Yuuri continuaba sintiendo como su mente se iba perdiendo en pensamientos diversos, además de identificar la culpa creciendo en su pecho... Estaban tan distraídos cada uno en sus propios asuntos que ignoraron totalmente el par de pasos que indicaban que alguien se acercaba.
 

—¿Es cierto?—inquirió Yuuri finalmente, hacia Gwendal, quien parecía ser el único que no quería hablar ya más, el mayor permaneció callado como esperaba— Conrad, ¿es verdad?—cuestionó esta vez hacia su padrino, quien soltaba poco a poco a su pareja.


 

El castaño no quería responder.

 

—¿Abandoné todo por 6 años? ¿¡Me fui por 6 años!? —casi gritó, y no sabía si el enfado que comenzaba a sentir era hacia ellos o hacia sí mismo.

 

Les miró con la ofensa escrita en el rostro, sin poder creer el peso del secreto que habían guardado. En ese momento ya no le sorprendió que Wolfram hubiese sido tan seco al recibirlo... Ni que no le mirara como antes.

 

Sintió algo pesado instalándose en su pecho, bajó la mirada, sintiendo que sus ojos comenzaban a arder. ¿Por qué se sentía de esa manera? ¿Por qué le causaba malestar? 
 

—¿Yo lo dejé solo tanto tiempo?—murmuró, para sorpresa de los otros— ¿Lo abandoné?


 


—Espera, Wolfram... —dijo Conrad, preocupado, intentado dar un paso para detener a su hermano, su prometido lo detuvo a tiempo.
 
Lo que sea que pasara era solo problema de la pareja real después de todo.

 

 


 

 

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