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A mis espaldas por yaoiana

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Notas del capitulo:

Esperamos que les guste esta idea que hace rato maquinaba en nuestras cabezas.  

CAPÍTULO UNO: El amo de todo

 

Adoraba el momento de silencio y nula presencia de personas en aquellas horas de la mañana, tal vez, era lo que más disfrutaba en el día, exceptuando los momentos con su hermano Mokuba.

Las clases iniciaban a las 7 am, pero él, podía ingresar desde las 6 am sin tener ningún tipo de problema, era Seto Kaiba, dueño del mundo, después de todo.

Si algo odiaba más que estar rodeado de gente, era que las cosas no salieran como quería y aquella mañana, fue eso, un “ salir de la rutina”. Desde su puesto pudo observar como el vigilante del colegio estrujaba a alguien impidiéndole el paso pero dejando entrar a otro individuo al colegio.

 

No discriminó bien, pero supuso que era un estudiante quien había ingresado y acertó cuando escuchó la puerta de su aula abrirse. Como aún estaba algo oscuro, el estudiante de su salón no lo percibió, pero él si, quien acababa de entrar era Katsuya Jonouchi.  Iba a burlarse cuando escuchó un leve sollozo, el perro había tomado asiento en su pupitre, se había retirado la camisa y revisaba su cuerpo.  Él también había decidido observar y se molestó cuando escudriñó algunos moretones, raspones y algunos cortes semiprofundos en los brazos y espalda del rubio.

 

-        Perro - pronunció-

 

-        ¡ Maldita seas Kaiba!- gritó asustado- casi me matas de un susto, ¿ qué… qué haces aquí? - mencionó preocupado mientras se ponía con rapidez la camisa.

 

-        ¿ Qué te pasó?- respondió con otra pregunta.

 

-        Na… nada, me caí de la bicicleta - mintió.

 

-        ¿En serio me crees tan estúpido como para creer una excusa tan mediocre?

 

 

El rubio bajó la mirada sin poder decir alguna palabra, lo cual extrañó a Kaiba pues usualmente no se callaba, era difícil no notar su presencia gracias a eso.

 

-        Te volveré a preguntar ¿Qué te paso?

 

-        No importa, no es algo que te incumba de todas formas.

 

Ciertamente no se llevaban bien, pues Katsuya siempre se quejaba de lo altivo y presuntuoso que era el castaño y por el contrario Kaiba se molestaba por lo ruidoso y estúpido que llegaba a parecerle el rubio.

 

Sin embargo, el verlo así de lastimado e incluso llorando removió algo en su interior y no pudo evitar preguntar.

 

-        Bien, tienes razón, no es de mi incumbencia, solo no arruines mi paz y vete a llorar a otro lado.

 

Katsuya lo miró con rabia, tomó sus cosas y salió de ahí sin decir nada más.

 

-        En serio es un idiota, si tiene tanto dinero por que no se va al extranjero o a una escuela para millonarios y deja que vivamos en paz- mencionó mientras iba a la azotea de la institución y se recostaba allí.  Suspiró para intentar relajarse y observó las nubes, ya no tenía tristeza sino enojo con el ricachón engreído.

 

No percibió el tiempo, a su mente llegaba la pelea que tuvo con su padre.  Cada vez que le sugería que se internara o buscara ayuda para enfrentar el alcoholismo y ludopatía, terminaban a los golpes. Obviamente por edad y fuerza, su padre salía victorioso, dejando al rubio menor, sumamente lastimado.

Algo había cambiado esta última vez y es que su padre había tomado un arma cortopunzante,  con agilidad había esquivado varios cortes y logró salir corriendo hasta la escuela, no lo creía capaz de seguirlo hasta la institución.  Debía admitir que tenía miedo, mucho miedo de volver a casa porque no sabía que le esperaba. Finalmente  de tanto pensar, pudo más su cansancio y se quedó dormido.

 

En el salón, varios docentes habían llamado al rubio y al ver que no estaba, le habían puesto falta.  Yugi y los demás, estaban preocupados por la ausencia de Katsuya, pero Kaiba aún más al recordar el estado del otro.

Al sonar el timbre de salida, el CEO decidió subir a la azotea y allí vio a Jonouchi. Se veía pálido y respiraba con dificultad.

 

-        Perro- lo llamó-

 

-        Ka...Kaiba?- expresó el rubio mientras abría sus párpados con pesadez- ¿ ya empezaron las clases?

 

-        ¿ Eres idiota o te haces?, ya terminamos las clases- exclamó entre sorprendido y molesto por el relajo del blondo.  Sin embargo, analizó con más interés, ya que la expresión somnolienta del rubio pasó a una de angustia- Me vas a contar todo de una maldita vez, eres molesto, pero más me molesta ver la cara de preocupación de tu pandilla “ siempre feliz”.

 

-        No tengo por qué contarte nada, no eres el dueño de mi vida, maldito ricachón - dijo con molestia Katsuya.

 

-        Bien, entonces iré con la coordinación escolar, les diré en qué estado deplorable llegaste y que ellos se comuniquen con las autoridades competentes.

 

El oji miel se paralizó ante lo dicho por el castaño.  Kaiba lo taladraba con su gélida mirada y supo que no jugaba.

 

-        Yo… está bien, pero… no aquí- dijo dubitativo.

 

-        Bien, esperemos que la escuela se desocupe y llamaré para que nos recojan.

 

Katsuya asintió y esperó en silencio unos incómodos 45 minutos. Por su parte, Kaiba pensaba en ir al hotel privado en las afueras de Domino.  No creía conveniente ir a la mansión ni tampoco a la empresa para hablar con el perro.  Su intuición le decía que algo grave pasaba y por eso el blondo se escondía.

Finalmente, un auto llegó a las afueras de la escuela.   Jonouchi miraba en distintas direcciones para evitar ser visto.

 

-        Entra de una vez- comentó impaciente Kaiba.

 

-        A diferencia de ti a mi si me perjudica que nos vean juntos.

 

-        ¿A mi no me perjudica estar junto al más inepto de toda la escuela?

 

-        Tsk…- se limitó a dejar escapar una mueca de molestia, pues no podía objetar ante lo dicho por el castaño.

 

Sin más subieron al auto, de inmediato el conductor los llevó al lujoso hotel, al cual tardaron en llegar alrededor de 20 minutos, durante este tiempo ninguno se dirigió la palabra.

 

El ambiente era tenso por lo que Jonouchi se limitó a mirar por la ventana, quejándose a momentos por los movimientos bruscos del auto, pues las heridas aunque no eran profundas si le lastimaban. Eso por supuesto no pasó desapercibido para Kaiba.

 

Al llegar ya los esperaban en la entrada del hotel, donde les dieron un gran recibimiento.

 

-        Bienvenido joven amo

 

-        ¡Vaya! Cuánta presunción- El castaño lo fulmino con la mirada.

 

-        Guarda silencio y entra.

 

Ambos se dirigieron a la suite presidencial reservada para Kaiba, todos los empleados sabían que cuando el joven Seto les visitara ese era el lugar a reservar.

 

El rubio no dejaba de mirar a su alrededor, a pesar de ser un hotel este estaba lleno de lujos, lujos que solo podía imaginar, ahí claramente podía ver la enorme diferencia de estatus entre él y Kaiba.

 

-        Entra, no te quedes ahí como tonto mirando, sé que en tu vida has visto cosas así, pero no lo hagas tan evidente.

 

Eso sacó de su ensimismamiento al oji miel, el cual dudó en entrar, pues sabía que una vez dentro no podría salir hasta decir lo que Kaiba deseaba escuchar.

 

Después de un largo suspiro entró sentándose en el enorme sofá blanco con vestiduras de piel frente a una hermosa vista, el sol estaba poniéndose y era visible desde ese lugar.

 

-        ¿Y bien? - el castaño se sirvió un poco de granizado de limón, ofreciéndole lo mismo al rubio mientras se sentaba en el sofá a un costado del rubio.

 

-        Pues… - suspiró tomando aire- discutí con mi padre, es todo.

 

El castaño lo miró fulminante, no había pagado un hotel y privacidad para solo escuchar eso.  Lo observó fijamente y vio como el otro se hacía el desentendido hasta que captó la indirecta.

 

-        Ok, ok, ya entendí el mensaje - bufando- no tengo una vida fácil Kaiba, mi padre es un ludópata y alcohólico.  Así que no es un hombre muy lógico y racional.   Sino consume se vuelve una bestia y pues… como no ha podido en estos días, yo soy quien paga los platos rotos.

 

-        ¿ Y tu madre?

 

-        ¿ Qué con ella? - mencionó bromeando mientras terminaba el granizado.

 

-        ¡Katsuya!- comentó irritado-

 

-        Ella está con mi hermana en Estados Unidos, fue un pacto que hicieron mis padres al separarse, cada uno se quedaría con un hijo.  Ella no puede hacer nada por mí, Kaiba- cortó dándole a entender que su madre no era una opción.

 

-        Comprendo, ¿ algún otro familiar?

 

-        Sé que tengo un tío por parte de mi padre, pero hasta ahí. 

 

-        ¿ Las autoridades? - propuso Kaiba.

 

-        Kaiba, entiendo tu intención, me sorprende que seas “ amable”, pero he agotado todas las posibles soluciones. Él me tiene amenazado con hacerle daño a Shizuka o alguno de mis amigos si lo denuncio.  Ahora si lo creo capaz de todo - dijo al recordar como su padre lo había lastimado la última vez- solo debo trabajar y ya, cumplo la mayoría de edad y me largo.  Debo aguantar.

 

El mayor no supo en que momento de la conversación, el rubio se había tornado tan serio, maduro y determinado. Habían pasado por cosas juntos como el duelo de Monstruos y la partida del Faraón, pero en ninguna de esas circunstancias consideró al perro como alguien elocuente y sensato.  Con esta conversación ese imaginario había caído y le había mostrado un nuevo Katsuya, uno que le parecía de una u otra forma, llamativo y encantador.

Tentado por ese descubrimiento, por indagar más en lo que el oji miel podía lograr, fue que lanzó el siguiente ofrecimiento.

 

-        ¿Y si trabajas para mi?

 

-        ¿ Eh? - parpadeó Jonouchi anonadado ante las palabras del Kaiba- ¿ me estás tomando el pelo, Kaiba?

 

-         Sabes que yo nunca hago bromas - respondió fríamente.

 

-        ¿ Por qué me ayudarías?- confuso.

 

-        Tómalo como un acto de altruismo- dijo con simpleza- has estado también pendiente de Mokuba cuando sale con tu pandilla de amigos idiotas, y lo has protegido.

 

-        Mmm- dudó Katsuya-  pero la verdad, no veo en qué me podrías ayudar… - levantó su mano al ver que Seto iba a interpelar- no me malinterpretes, agradezco la oferta, pero trabaje contigo o no, mi situación no cambiará. Dependeré aún de mi padre y preferiría no causarte problemas.

 

-        Eso lo podríamos solucionar - dijo el castaño pensativo.

 

-        ¿Cómo? - preguntó esperanzado el ojimiel-

 

-        Que yo sea tu tutor legal.

 

Aquella idea sonó demasiado tentadora para el blondo, tanto que suspiró hondamente y retuvo el aire.  ¿ Sería peligrosa aquella propuesta?, ¿ podría Kaiba luego burlarse o aprovecharse de su situación?.  Lo que más  temía era pasar de un lugar malo a uno peor… pero al recordar a su padre y su intención de acabar con él, se dijo que con Kaiba no podía ser peor.

 

-        Y… y si acepto, ¿cómo lo haríamos?

 

-        Sencillo perro, aunque yo no sea aún mayor de edad, tengo un poder que me otorga el beneficio de uno. Por eso soy el tutor legar de Mokuba, podría hacer lo mismo en tu caso, pero si debemos apelar a las autoridades y denunciar a tu padre por maltrato para que le quiten tu custodia y así volverme tu tutor legal.

 

-        A lo que me refiero es…. ¿ qué debo hacer para pagarte?- dijo lo último con un hilillo de voz.  Odiaba deber algo y estar a merced de una persona, porque se sentía privado de su libertad.

 

-        Mmm - meditó el ojiazul- si todo sale a nuestro favor, deberás trabajar y rendir en el colegio.  Del cargo que te ponga, sacarás una parte para pagar tus estudios universitarios, para tu manutención y para un apartamento.

 

-        Pero eso no responde cómo voy a pagarte a tí lo que estás haciendo.

 

-        En el camino lo determinaremos - finiquitó Kaiba-.

 

-        Yo… diablos Kaiba, en verdad, me sacarás de una grande - mencionó el menor conmovido al pensar que su martirio terminaría.

 

-        Algo sí te voy a pedir perro, y es prudencia.  Sabes que tengo una imagen que cuidar ante todo el mundo y no quiero que se vea manchada por algún comentario mal intencionado o imprudencia.  Todo lo que haremos, será secreto entre ambos, lo haremos a espaldas de los demás. Nadie sabrá que soy tu tutor legal ni mucho menos que trabajas para mi, ¿serás capaz de mantener tu boca cerrada, perro?

 

-        Si, lo prometo - asintió varias veces Jonouchi, obviando el apodo canino del otro.  Era más su golpe de esperanza que las burlescas palabras del otro.

 

-        Bueno, primero debemos tener evidencias de la incapacidad de tu padre y de los maltratos, debes ser consciente que quizá él pueda ameritar cárcel preventiva por agresión e intento de asesinato, pues esas heridas te las hizo el ¿O me equivoco?

 

El rubio bajó la mirada, sabía que no estaba seguro con su padre, pero… ¿cárcel? Tras pensarlo por un rato suspiró y asintió.

 

-        Si, fue él quien me lastimó pero… no quiero que vaya a la cárcel

 

-        Sí que eres estúpido, trató de matarte ¿y aún te preocupas por alguien que no puedes llamar padre?, bueno decide, tú o él.

 

Tras pensarlo detenidamente Katsuya decidió que debían proseguir. De inmediato Kaiba llamó al médico para que expidiera un detallado informe de las agresiones encontradas en el cuerpo del rubio, además de llamar a sus mejores abogados los cuales iniciaron una demanda contra el padre del rubio.

 

Tras una semana todo estaba completamente listo y se le había enviado una carta donde se citaba al padre de Katsuya a los tribunales, inevitablemente tras verlo enfureció y buscó a su hijo al cual por desgracia encontró saliendo de la escuela sentado en un parque pensando en su futuro.

 

-        Tú, maldito eres un malagradecido, te di techo comida y ¿me lo pagas demandando?

 

-        ¿Qué haces aquí? Se trató de alejar pero inevitablemente su padre lo alcanzó propinándole unos cuantos golpes.

 

-        Ya me colmaste la paciencia, por tu culpa tu madre nos abandonó y aunque me quede contigo me pagas así.

 

-        Mi madre nos abandonó por ti, por tu alcoholismo, por tu agresividad, todo tu las alejó de mí.

 

-        ¡Cállate!- volviendo a golpearlo, Katsuya no se defendió pues por una parte no quería golpearlo y por otro los abogados le habían aconsejado no golpearlo o hacer algo que pudiese usar en su contra.

 

Por suerte Kaiba había mandado a buscarlo cuando lo perdió de vista al salir de la escuela, sin más sus guardaespaldas se lo quitaron de encima y fue llevado al ministerio público, donde se le arrestó de forma preventiva previo al juicio, mientras que a Katsuya se le llevó al hospital.

 

Con esto tenían más material para enjuiciar a su padre y pedir la tutela.

 

-        Si no hubieras huido saliendo de la escuela estarías bien, pero bueno es más material a nuestro favor, además de que eso nos otorga algo importante, testigos.

 

-        Solo quería despedirme de él, no quería hacer nada más.

 

-        En serio que eres estúpido - suspiro con cansancio - te quedarás aquí hasta el día del juicio, compórtate si no quieres arruinarlo todo.

 

El día del juicio

 

-        Según el código penal en función de agresión a menores y protección de personas con discapacidad, menores y protección del mismo bajo el poder judicial según los artículos 215 y 216 se inicia el juicio en contra del señor Katsuya por agresión e intento de homicidio doloso contra su hijo Jonouchi de 16 años de edad.

 

 

Tras finalizar el juicio y que los abogados mostraran las pruebas mediante los informes y los golpes físicos que aún eran visibles en el cuerpo del rubio el juez determinó a su padre como incapaz de llevar su paternidad y condenado a 15 años de cárcel.

Por otra parte la guarda y custodia fue asignada a Seto Kaiba de 18 años de edad, quien había demostrado su capacidad tanto monetaria y calidad de vida ofrecida a Mokuba Kaiba quien actualmente estaba bajo su tutela, debido al precedente y a su capacidad económica se le otorgó la tutela de Jonouchi Katsuya.

 

Unos 15 días habían acontecido tras la nueva vida del rubio.  En ese tiempo, Kaiba había comprado un apartamento cerca de Kaiba Corp, allí viviría el blondo.  Ante el gasto del apartamento, el CEO había argumentado que lo hacía para que el rubio tuviese privacidad, además, porque necesitaba que estuviera cerca de la empresa por si requería de su trabajo o alguna diligencia. 

Acordaron que por el momento y mientras Jonouchi terminaba la colegiatura e ingresaba a la universidad, trabajaría desde casa con el diseño de personajes e ideas del “ Juego de Monstruos”.  Así Kaiba también podría delegar esta tarea de creatividad, ya que debía estar más enfocado en consolidar negocios y  adquirir nuevas acciones en otras empresas. 

 

Tal como lo dijo Kaiba, nadie se enteró de lo acontecido, lo único que causó furor, era ver al rubio temprano en clases, participando y sacando unas impecables notas.  Kaiba, Yugi y Katsuya no solo tenían sus lugares en el duelo de monstruos, sino también en sus calificaciones escolares.

 

 

-        “ Kaiba, ¿ debes ir a la empresa después de clases?, quiero comentarte una idea y mostrarte unos diseños” - tecleaba el rubio, ya que tenía el número personal de Seto.

 

-        “ Debo firmar unos papeles y luego voy a tu apartamento” - respondió el empresario para luego guardar su móvil y seguir pendiente de las clases. Intentaba hacerlo pero no lograba concentrarse y una cabellera rubia delante suyo, era el motivo.

 

El ver la determinación y empuje de Jonouchi, le había mostrado que no estaba equivocado en la decisión tomada. Pero también algo había pasado en esos meses de cercanía; Kaiba veía de forma diferente al menor, porque notaba que Katsuya se limitaba por sus circunstancias.  Era un joven optimista, inteligente, servicial y atento… también su cuerpo había cambiado, su piel se veía más limpia, su cabello brillaba más, sus ojos ámbar resaltaban más y su contextura, era más llamativa.

Sabía que no sólo él había notado el cambio, escuchaba de algunas y algunos estudiantes, lo apuesto que era el perro, que querían buscar una oportunidad con él y ante eso, se molestaba. No quería que el blondo saliera con nadie porque creía que eso lo perjudicaría, o eso se estaba obligando a creer.

 

Agradeció cuando escuchó el timbre, salió con prontitud porque no quería ver ni escuchar más los piropos al menor. Subió a su limusina y emprendió hacia la corporación.  Allí trabajó un rato y revisó algunos contratos, unos muy propositivos y otros no tanto.  Por eso le tomaba tanto tiempo revisarlos, no quería firmar algo con alguna trampa que perjudicara a su monopolio.

Miró la hora y supo que debía parar, le había dicho al rubio que iría y debía cumplirle. 

 

-        Roland- marcó desde el teléfono de la oficina.

 

-        Si señor, ¿ en qué le puedo servir?

 

-        Prepara mi auto, conduciré hasta la casa del perro.

 

-        ¿ Desea que lo acompañe?

 

-        No, iré solo.

 

-        Comprendido.

 

Veía innecesario que su guardaespaldas fuera, ya que debía quedarse buen tiempo con Jonouchi  y hablar sobre los diseños.

Cuando salió, en menos de 15 minutos llegó con Katsuya. Debía admitir que comprar ese apartamento cerca fue una buena idea, también podía ir allí cuando no quisiese estar en la corporación o tomarse un breve descanso.

 

Antes de tocar el timbre, la puerta se abría.

 

-        Excelente servicio- comentó Kaiba al ingresar.

-        Eres muy bullicioso con tus autos, ¿ lo sabías? - rio el menor ante la elocuencia del castaño- ¿almorzaste?

 

-        Si… - respondió con simpleza-.

 

-        Mentiroso, llamé a tu secretaria y dijo que no lo habías hecho.

 

-        Vaya… ¿ahora inspeccionas mi vida? - se quejó-.

 

-        No puedo dejar morir a mi benefactor - bromeó mientras conducía al mayor al comedor.

 

En este, Kaiba se deleitó con el olor y con la vista de los platillos.  Estaba servida sopa de pescado, arroz, ensalada y postre para dos personas.  Algo no muy pomposo pero modesto.

 

-        ¿Compraste eso? - preguntó curioso mientras tomaba asiento.

 

-        Lo preparé.

 

-        Vaya, veo que sabes hacer algo más que ladrar… - comentó con burla mientras probaba la comida.

 

-        Qué grosero y bien que te lo estás comiendo - dijo Katsuya fingiendo indignación.

 

Mientras almorzaban estaban hablando de la escuela, de sus tareas y de los profesores. Charlaban amenamente hasta que tocaron el tema de los coqueteos y parejas.

 

-        Kaiba, ¿ por qué no has salido con alguien? he visto que se te han declarado.

 

-        No tengo tiempo, ya has visto como es mi trabajo, una relación solo me quitaría tiempo.

 

-        Vaya señor modestia… - rio el rubio.

 

-        ¿ Y tú, perro?

 

-         ¿ Yo qué?

 

-        ¿ Qué harías si se te declaran? he visto que muchas han querido hacerlo

 

-        No lo sé Kaiba, no quiero involucrarme con nadie.  No quisiera perder este estilo de vida que me has ofrecido. El simple hecho de que deje a alguien entrar a mi vida, es una posibilidad de que se enteren de nuestro trato y no quiero romper mi palabra contigo.

 

-        ¿Dejarías de lado a una persona que te gusta, por cumplir tu promesa conmigo?

 

-        Si Kaiba, no lo dudaría, tanto por ti como por mí - dijo con convicción mientras sonreía.

 

Seto Kaiba sintió como algo dentro de él tembló.  Su corazón comenzó a bombear como loco ante el impacto de las palabras del rubio.  “ Un perro es fiel”, “ Jonouchi me es fiel”, era lo que decía su mente. Un deseo casi enfermo comenzó a formarse al pensar en que el rubio debía ser suyo y siempre responderle con aquella devoción.

Nunca había experimentado algo así, tenía muchas cosas, su empresa, su mansión, sus autos, su riqueza… pero nada de eso podía responderle con palabras “ te elijo a ti Kaiba, por encima de todo”. Aquello comenzaba a superarlo.

 

Volvió a la realidad, cuando Katsuya recogía los platos del almuerzo y los llevaba al mesón. Los lavó con todo el cuidado doméstico y los puso a secar.

 

-        Me alegra que te haya gustado Kaiba - sonrió con calidez.

 

-        No estaba mal, perro - intentó burlarse, pero algo le llenó de un sin sabor la boca- estuvo bien y me agradó no almorzar solo… - terminó por sincerarse y menguar sus palabras.

 

-        Pues… - se rascó su mejilla y se sonrojó levemente- sino te molesta, puedes venir a almorzar todos los días. Te queda cerca y así no almuerzas solo.

 

-        Me parece bien - respondió en automático, como si un impulso desconectado de su razón, hubiera tomado el control.

 

 

Caminaron hasta la sala y allí el rubio expuso sus diseños, mapas y todo lo que había logrado crear.

El CEO tan solo veía el entusiasmo del menor al hablar, pero no estaba conectado, tan solo escuchaba un murmullo por estar absorto en el movimiento de esos níveos labios.

 

 

 


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