Login
Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

Un Deseo En Halloween por DanyNeko

[Reviews - 3]   LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

Notas del capitulo:

He aquí el especial de Halloween 

*w*

Disfrutenlo.

Hechizo de Medianoche

 

—Hola Yugi —el pequeño tricolor se sobresaltó al oír la familiar voz amable aunque apagada, a sus espaldas, mientras recogía su maletín.

— ¿Ryou? —los ojos amatistas no encubrieron su sorpresa —hola, amm ¿qué tal?

Era tan raro que, siendo compañeros de salón, se les dificultara tanto entablar conversación.

—Bien —el albino le dedicó una pequeña sonrisa cordial —empieza a hacer frío ¿cierto? —señaló con el índice derecho la bufanda morada al rededor del cuello de Yugi. Su mano izquierda sostenía su maletín.

—Ah, sí —el tricolor cerró su propia mochila y se llevó una mano al cuello —dentro de nada será invierno —comentó con algo en su voz que sonó como a nostalgia, aunque era algo diferente.

Ryou podía intuir perfectamente la tristeza y el anhelo en la voz de Yugi.

— ¿Y tú como has estado? Te he notado algo... Callado estas semanas — "por no decir decaído" añadió en su mente.

—Oh, ya sabes, sólo... Normal —balbuceó un poco, sin saber bien que decir —quiero decir, todo ha estado demasiado tranquilo desde... —no se atrevió a decir otra palabra.

Pero Yugi sabía a qué se refería —Sí. Sí —irrumpió algo apresurado, aunque el albino no hubiese dado seña de terminar su oración —sé a qué te refieres —concluyó con la vista algo gacha.

A su alrededor, muchos de los alumnos salían del salón sin prestarles la más mínima atención.

Ryou se sentó en una mesa vacía al lado de Yugi y el tricolor se sentó igual.

—Después de eso, todo ha sido tan... diferente —retomó el tricolor.

—Solitario... —añadió Ryou, comprendido a la perfección el sentir de Yugi... O más bien, compartiéndolo.

—Doloroso —concluyeron al unísono en un triste suspiro.

Se miraron ambos a los ojos para luego soltar una pequeña risa. La primera risa sincera en muchos días.

—Es tan tonto que nos cueste hablar entre nosotros después de todo lo que ocurrió —mencionó Ryou y Yugi no pudo estar más de acuerdo —seamos sinceros, somos dos tontos que extrañan a sus yamis —soltó sin más.

Yugi sonrió y asintió en total acuerdo —aunque admito que me sorprendes un poco Ryou... No sabía que también te hiciera falta —comentó sinceramente.

Ryou está vez mostró una sonrisa triste —Bakura no era tan malo, Yugi —desvió la mirada hacia el ventanal del salón, evocando viejos tiempos —sólo necesita comprensión... y un poco de amor —susurró lo último tan bajo, que Yugi dudó haber oído bien.

—Te creo, Ryou —le sonrió amable en cuanto el albino volvió a mirarle —tu, mejor que nadie, debes conocerle.

Ryou respondió a esa sonrisa, apretando un poco más el mango de su maletín, mientras dudaba si preguntar o no.

—... Yugi —lo llamó con precaución, obteniendo un sonido de intriga, que le indicaba que continuase — ¿si estuviera en tus manos, lo harías? Quiero decir ¿si tu pudieras traer de vuel~

Una voz muy animada interrumpió su íntima charla, antes que Ryou pudiera terminar de hablar.

— ¡Yugi!

El tricolor volteó de inmediato, quedándose con la curiosidad de lo que Ryou estuvo por decirle — ¿Qué ocurre Joey? —apenas pudo terminar de hablar, cuando un brazo se alojó alrededor de su cuello con algo de rudeza.

—Te estamos esperando ¿listo para irnos? —habló desde más atrás, Tristán.

—Sí, lo siento chicos, es que me quedé hablando con Ryou —explicó el menor.

Recién entonces Joey y Tristán repararon en la presencia del albino. Algo apenado, Ryou levantó una mano hacia ellos a modo de saludo.

El rubio parpadeó sorprendido, estaban tan acostumbrados a que el albino ya no se integrara con ellos que lo habían pasado por alto, inconscientemente claro —Oh. Lo siento —la mano del rubio voló a su nuca en señal de nerviosismo.

—No importa —el albino se levantó —ya me iba de todos modos.

Yugi arqueó ambas cejas, no quería que Ryou se quedara más tiempo ajeno al grupo. Eran amigos después de todo —camina con nosotros un rato, Ryou —le invitó el tricolor, aún tenía curiosidad de saber lo que albino iba a preguntarle.

Ryou se llevó un ligero sobresalto, señalándose a sí mismo tras oír la invitación de Yugi; el apoyo de Joey no se hizo esperar por lo que el de ojos esmeraldas aceptó.

— ¿Qué hay de Tea? —preguntó Ryou al notar la falta de la fémina del grupo.

—Se fue corriendo a casa, tiene a unos familiares de visita, según dijo —explicó Yugi.

—Ya veo —respondió sin más.

Joey intercambió una rápida mirada con Tristán antes de dirigirse a los dos hikaris —ya que Ryou está aquí se nos podría unir — 'pensó' en voz alta —chicos, si tenían planes para la noche de Halloween ¡cancélenlos! Nos vamos de aventura —exigió el rubio con notable emoción.

— ¿Qué? —tal cosa tomó a ambos ex-portadores de los artículos milenarios por sorpresa — ¿de qué hablas Joey? —volvieron a decir al unísono.

Joey miró a ambos lados antes de inclinarse más cerca de ellos — ¿sabían que hay un sótano en esta escuela? —inquirió misteriosamente.

Yugi y Ryou se mostraron sorprendidos — ¿en serio? —curioseó el albino.

Ya desde fuera del colegio, Joey señaló a una de las esquinas de la institución —sí, es una vieja biblioteca que nunca se remodeló —Ryou se estremeció —Pasa la mayor parte del tiempo cerrada pero parece que a veces la usan para guardar implementos viejos, así la descubrimos Tristán y yo.

—Eso suena genial —se atrevió a decir el albino. Yugi lo miró apenas ocultando la sorpresa en sus ojos.

— ¡Sí que lo es! —concordó el moreno.

— ¿Y el punto aquí es…? —preguntó Yugi, aunque su instinto le decía que no querría oírlo.

—Vendremos aquí después del atardecer ¡y vamos a investigar esa biblioteca en noche de brujas! —dijo el rubio decidido, levantando el dedo pulgar mientras guiñaba un ojo.

— ¡¿Qué cosa?! —gritaron los hikaris al unísono una vez más.

—Halloween es dentro de dos días —mencionó Ryou.

— ¿Le han comentado algo de esto a Tea? —preguntó ahora Yugi.

—Pfff, por supuesto que no —respondió Joey, como si no fuera por demás evidente —puedo escucharla “¡Chicos ¿qué les pasa en la cabeza? esto es muy mala idea! ¡No pueden hacerlo!” —fingió una burlesca voz femenina —además, es una chica, seguro que le da miedo.

—Eso es sexista —dijo Ryou, pero no a modo de queja, sino con una risilla.

—En primer lugar, sí que es una mala idea —se quejó el tricolor, levantando el dedo índice —y en segundo lugar —levantó ahora el dedo medio —no deberías decir eso de ella, después de lo que hemos pasado todos juntos.

Ryou miró sorprendido a Yugi, planteándose en su cabeza si el tricolor aún estaba enamorado de Tea ¿no se había percatado de sus propios sentimientos hacía el faraón? Es decir, era demasiado evidente.

— ¡Oh vamos Yugi! ¿Acaso no crees que es emocionante? —se quejó el rubio.

— ¿Y cómo harían para colarse dentro? —cuestionó el albino, cada vez más interesado en el tema central.

—Pues mira… —empezó Joey.

Yugi gimió internamente ¿esto de verdad estaba pasando?

-x-

Ryou entró a su casa en silencio, pasó de largo a su habitación y dejó la chaqueta de su uniforme en el perchero para tumbarse en la cama luego de dejar su maletín en el piso.

Ni siquiera encendió la calefacción, el frío aun no era tanto como para que un buen edredón no pudiera ser suficiente, pero sí era lo necesario como para hundirle en la nostalgia de extrañar el tibio cuerpo de Bakura rodearle con sus brazos y brindarle todo el calor que deseara.

— ¡Ahhhh! —suspiró pesadamente —Bakura… me haces tanta falta —prácticamente sollozó contra uno de sus almohadones, ocultándose bajo las mantas.

Decidió quedarse así un poco más, una siesta antes de comer no haría daño.

Un escalofrío le hizo estremecer —Bakura.

.

Ya era tarde cuando Ryou se sentó en el alfeizar de su ventana con un libro sobre su regazo, deslizó su mano por sobre la cubierta morado-grisácea en cuyas letras doradas se leía “guía de bolsillo para manejar a tu propia entidad energética y otros truquitos”.
No pudo evitar sonreír al leer por enésima vez esas palabras, enseguida abrió el libro, repasando sus hojas amarillentas; lo había encontrado de milagro entre sus cosas y agradecía infinitamente no haberlo dejado en Inglaterra.

Recordaba a la perfección lo que había pasado hace unos pocos años al encontrar ese libro con su yami, aquel caluroso verano en casa de su difunta abuela, que en paz descanse, había sido toda una aventura.
Se había prometido a sí mismo leerlo completo en cuanto tuviera la ocasión, por lo que se lo había llevado consigo a Japón a su regreso, pero cada vez que tomaba la decisión de leerlo, algo lo interrumpía y finalmente el tema quedó en el olvido.

Ryou suspiró con una sonrisa, viendo como la luna casi llena se asomaba fuera de las nubes y lo cubría completamente —espero que puedas ayudarme una vez más… te lo suplico, ayúdame a traerlo de vuelta —abrazó suavemente aquel libro.

-x-

Atem miró al cielo que combinaba tonos cálidos, típicos del atardecer, sin emoción alguna; a estas alturas la peculiar forma en que ‘pasaba el tiempo’ en aquel lugar no le llamaba la más mínima atención, aun cuando de pequeño le fascinaba ver el amanecer y el atardecer… pero ya nada era lo mismo.

Su alma por fin estaba descansando en paz.

… O eso se suponía.

Pero en su sentir había todo menos tranquilidad. Los primeros luceros que brillaban en el cielo le recordaban siempre a la luz en las hermosas joyas amatistas que esa persona tenía por ojos.

Su compañero.

Como le echaba de menos… un nostálgico suspiro se escapó de sus labios mientras se apoyaba mejor en el balcón del salón donde estaba.

—Con tantos suspiros se te va a escapar el alma, majestad —pronunció una burlesca voz masculina que provocó el resoplar del tricolor.

Atem rodó los ojos — ¿que la frase no es "se te va a escapar la felicidad"? —corrigió sin siquiera voltear a ver, conociendo ya al dueño de aquella voz.

—Sí, pero tratándose de ti ¿cuál felicidad?*

Sólo entonces, Atem se dio la vuelta — ¿se supone que me tengo que reír de eso? —miró al joven de pelo plata que se asomaba entre las sombras del salón.

La sonrisa ladina del, que en su día fue llamado, Rey de los Ladrones no se hizo esperar.

—Sabes que me desagrada que te pasees por aquí como te venga en gana —volvió a decir el tricolor.

—Lo sé, por eso lo hago —sin darle verdadera importancia a sus palabras, el más alto fue a recostarse entre unos cómodos almohadones que había en el suelo, cerca de una mesa —agradece que no me paso cuando están tus 'reales súbditos' —añadió de nuevo burlesco, mientras se llevaba ambas manos tras la nuca, acomodándose con total descaro.

Atem caminó hacia él para sentarse a unos pocos pasos de distancia, mirándole con sus ojos serios en todo momento. El mayor no le prestó atención, sacó de entre sus ropas una pequeña pelota y empezó a lanzarla contra uno de los muros, esperando a que rebotara de vuelta para atraparla y volver a lanzarla.

En pocos minutos, aquel sonido ya había irritado a Atem y Bakura lo sabía, precisamente por eso lo hacía.

— ¿No ha habido señal de Marik? —indagó el tricolor, tratando de ignorar el molesto ruido.

—Nada de nada —reportó el de ojos lavanda.

— ¿Crees que su existencia fue realmente consumida por el reino de las sombras? —Atem ahora apoyo su rostro en una de sus manos mientras desviaba la mirada, un hábito que adquirió en su 'vida' en Japón.

—Es lo más probable —Bakura por fin detuvo su jugueteo —De ser así, yo tuve mucha suerte —añadió en voz algo más baja, ese tema era de los pocos que trataba con seriedad. Atem lo miró —Que luego de aquel ultimo duelo, lo que quedaba de mi alma fuese separada de la esencia oscura y se me diera la oportunidad de 'descansar' —hizo las comillas con sus manos —me fue casi inconcebible.

El tricolor dudó si hablar —ambos sabemos la causa de ello —no mencionó el nombre del hikari albino, era lo justo, él no había mencionado a su Yugi.

Bakura frunció el ceño —sí —respondió con cierta rudeza, ladeando un poco el cuerpo. Atem por su parte volvió a desviar la mirada, tampoco es que ellos tuvieran mucho de qué hablar. Un nuevo suspiro escapó de él sin quererlo —el enano no ha de poder dormir con tantos suspiros que lanzas en su nombre —añadió luego de un minuto o dos de silencio.

Atem se reprendió a sí mismo por no ver venir aquello mientras sentía el rojo acudir a sus mejillas morenas, no volteó la cara, sabía que Bakura estaría regodeándose con su sonrojo, era tan propio de él.

—No sé de qué hablas —tartamudeó un poco, tratando de proteger su orgullo.

Una fría ráfaga nocturna se coló desde el balcón, como queriendo remarcarle al joven faraón del calor que emanaba su rostro.

—Sí, claro —una vez tomada la oportunidad de molestarlo, Bakura no iba a soltarla —su alteza se atreve a negar acaso sus sentimientos por su compañero —más que una pregunta, pretendía sonar indignado.

Atem quiso golpearse y maldijo el momento en que había tocado el tema.

—Hum. Como si tú no extrañaras a tu hikari —trató de voltearle el asunto.

Para su desgracia, Bakura no presentaba ningún tapujo al respecto.

—Por supuesto —aceptó sin más —sobretodo en la noches —Bakura dejó caer un poco su cabeza hacia atrás, arqueando el cuello para que algo del cielo nocturno tras el balcón pudiera entrar en su rango de visión —extraño sentir el cálido cuerpo de Ryou a mi lado, entre mis brazos —el bufido ente indignado y molesto del faraón no se hizo esperar — ¡oye! Que tú te empeñases en quedar como un "príncipe azul" frente a tu hikari y tratarlo sólo como un niño es culpa enteramente tuya —le echó en cara —yo, por otro lado, realmente aproveché el tiempo compartido con mi Ryou —se regodeó, relamiéndose los labios aunque Atem no lo mirara. Adoraba evocar el dulce sabor de sus labios, o su piel, o de...

—Claro —exclamó irónico —como tu hikari no encontró cierto libro de hechizos —reclamó, ya hace algún tiempo habían charlado de aquel tema.

Bakura mostró una sonrisa aún más de superioridad —oh sí, eso fue un hermoso golpe de suerte —exclamó, totalmente plagado de sí mismo — ¿Qué más se necesitaba para saber que él y yo estábamos destinado? —añadió ahora con algo más de sorna.

—Siii... Vaya destino —se quejó no solo por los albino, sino por él mismo y su Yugi.

—Es demasiado efímero... Pero nosotros ¿a qué más podíamos aspirar? — 'filosofó' el de pelo plata.

—Vaya, eso son muy profundo y bien pensado para ser tú —dijo para molestarlo con una media sonrisa desganada.

Pero, aparentemente, Bakura ya se había cansado de aquello —pues mira, hasta yo tengo mis momentos —puso punto y final a esa 'conversación' cerrando los ojos y ladeando el cuerpo, esta vez sin darle la espalda al tricolor.

Claro que no iba a dormir.

Una luz celeste se hizo presente de pronto, en medio de aquel salón, alterando a los dos muchachos.

— ¡Por Ra! Qué está...? —empezó Atem, antes de enmudecer al ver lo que había en frente suyo.

O más bien, quien.

— ¿Anubis?* —delató el peliplata.

— ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó el tricolor con algo de reservas.

—No te alarmes, hijo de Ra, estoy aquí por algo que seguro os interesa —su sonrisa astuta no fue algo novedoso para los dos egipcios.

—Habla —presionó Bakura, mirándole tenso desde su posición, ahora erguida.

El dios de la muerte jugueteó con un poco de fuego fatuo que invocó en sus manos —resulta que en gran parte del mundo de los vivos, hoy están celebrando la noche de los muertos —comentó distraídamente.

A Bakura y Atem se les cruzó una palabra por la mente.

—Halloween —exclamaron a la vez.

—Oh, veo que están familiarizados con el nombre moderno de tal festividad —añadió con algo de sorna.

—Quizá —murmuró Bakura entre dientes — ¿y tú punto es?

— ¿Qué tiene que ver con nosotros? —dudó el tricolor.

La sonrisa de Anubis más que aparentar un chacal, podría igualar la de una hiena en ese momento, tanto Atem como Bakura sabían que algo grande les aguardaba, la interrogante allí era... ¿sería bueno o malo para ellos?

—Pues sucede —Anubis le dio más atención a un par de flamas azules en particular, las cuales fueron adquiriendo forma de rostros familiares —que en alguna parte del continente asiático, dos personitas que quizás vosotros reconozcáis, están por hacer algo, digamos, ligeramente peligroso —tanteó sus palabras, disfrutando de las obvias reacciones inmediatas de los dos muchachos frente a él.

— ¡Hikari! —gritaron ambos, viendo los rostros de sus respectivos amores delinearse débilmente en el fuego, antes de caer en cuenta de las palabras de Anubis — ¿Qué cosa peligrosa? —volvieron a gritar en coro.

—Oh, es un tonto juego solamente —movió su muñeca, como si quisiera restarle importancia, disfrutando de la clara desesperación que se tatuaba por segundos en los dos rostros masculinos —una pequeña e inocente sesión espiritista en una biblioteca abandonada —ambos estaban atónitos.

Los gritos esta vez pudieron resonar perfectamente en todo el palacio.

— ¡¿Qué Yugi/Ryou están haciendo qué?!

Anubis, con su risa de hiena, movió sus manos, creando una especie de portal desde el cual, de forma un tanto borrosa, se podía ver a Yugi caminando por una calle cercana a su colegio, la noche ya caía a su alrededor.

"Se ve tan lindo" no pudo evitar pensar Yami al verlo.

El hikari tricolor caminaba con la vista fija en el piso y el labio inferior preso entre sus dientes. Su típico uniforme escolar había sido remplazado por una camisa violeta que combinaba con sus ojos y las puntas de su cabello, un pantalón ajustado de color gris claro y unos botines negros. Atem se sorprendió un poco al ver unos brazaletes metálicos de colores dorados, plateados y negros en las manos de su luz.
Para Yugi, aquellos accesorios se habían vuelto ya un hábito en su forma de vestir, era algo que le recordaba mucho a su yami, ahora que ya no tenía el rompecabezas.

—Aibou...

Entonces la imagen pasó ahora a mostrar a Ryou y fue el turno de Bakura de casi babear. El tierno albino usaba un entallado pantalón blanco y una sudadera color turquesa que delineaba bien su esbelta figura, la cabellera blanca se notaba tan esponjada como siempre y finalmente tenía unos tenis entre blanco y gris con agujetas azules.

Bakura notó, después de su minuciosa inspección, que Ryou portaba una pequeña mochila, la cual tenía el tamaño suficiente para guardar un libro mediano. Cuando al albino pilló un cruce en rojo se permitió un momento para sacar del mismo su carga y apreciarla, apretándola un poco contra su pecho.

Bakura casi se fue de espaldas.

— ¡Ese libro!

— ¿Libro? —repitió Atem — ¿es ese libro?

— ¡Sí! ¡Ese libro, tarado! ¿Necesitas que te lo dibuje? —Atem gruñó en advertencia, comprendía que Bakura se agitase un poco al ver a su hikari, pero no iba a faltarle al respeto tan gratuitamente para focalizar su tensión.

Anubis finalmente les dio una imagen más amplia, delatando que faltaban pocos minutos para que ambos seres de luz se encontraran en un punto determinado. La escuela Domino.

—Muy bien Anubis, responde ahora ¿por qué viniste a mostrarnos esto? —Bakura parecía estar perdiendo sus cabales.

—Tranquilízate, pelo pálido —siguió divirtiéndose la deidad — ¿Por qué no dan un vistazo más de cerca a este dúo de angelitos? —Atem fue el primero en hacerle caso, pero ambos muchachos se percataron de lo mismo “¿qué le ha pasado al brillo de sus ojos y a su hermosa sonrisa?” —parece que por alguna razón los extrañan mucho.

Si Anubis no anduviera a pecho descubierto, desde hace rato que Bakura lo hubiese pillado del cuello de la camisa a zarandearlo hasta quitarle las ganas de burlarse de ellos.

—Anubis ¿todo esto que tiene que ver contigo?

—Está bien, está bien, hijo de Ra… yo sólo estoy aquí como mensajero —los calmó, encarrilando por fin la conversación hacia dónde debía ser —tu amigo aquí ya ha de intuir lo que ocurrirá esta noche —Bakura lo miró serio —el albino tiene iniciativa, es decidido, hay que reconocérselo… y tu compañero tiene la determinación que hace falta para que ambos puedan lograr su cometido.

— ¿Pero acaso es…? —Atem titubeó un poco.

— ¿Posible? —completó por él —supongo que el benevolente Padre Sol está de buen humor o solo quiere consentir a su hijo ¿Quién sabe? —se encogió de hombros, jugueteando de nuevo con su fuego —ha aceptado ese deseo sincero de ambos muchachos y ha decidido darte… quiero decir, daros la esencia que os fue arrebatada en su momento —Atem y Bakura lo miraban casi atónitos —que continúen su línea de vida… junto a los seres con quienes están destinados.

— ¿Y por qué…? —esta vez fue Bakura al que se le enredó el habla.

— ¿A ti también? —volvió a concluir la deidad de la muerte — ¿ser justo, quizás? Supongo que aquel pequeño de pelo blanco no merece ver como a su amigo se le concede su mayor deseo y a él no, sólo por la clase de persona que eres tu —dijo burlesco, pero a Bakura está vez no le importó —después de todo, la iniciativa de todo eso ha sido de él.

—Ryou…

Anubis hizo un gesto de desagrado, era tan patético ver a esos dos casi babeando por aquellos dos seres de luz —venid conmigo antes de que me arrepiente y os deje aquí atrapados —manipuló un poco aquel portal, entrando por él y siendo rápidamente seguido por los dos egipcios.

-x-

Yugi se quedó en una parada de autobús frente a la escuela, la calle frente a sus ojos estaba oscura y solitaria, y ya se estaba arrepintiendo de aquello. De hecho se arrepentía desde el preciso instante en que había dicho que sí, pero es que la insistencia de Joey, y sobretodo, la súplica en los ojos esmeraldas de Ryou pudieron con él, aun no comprendía del todo porque a su amigo le importaba tanto que asistieran a esta locura de Joey, pero había prometido explicárselo esa misma noche.

Por encima del solitario tricolor, y sin este saberlo, tanto Atem como Bakura aparecieron junto a Anubis —muy bien, os dejo por su cuenta, creo que por rato, esto se les hará familiar —un rápido chasquido, Atem había vuelto a ser aquel espíritu que compartía su existencia con Yugi, solo que esta vez su compañero no se daba cuenta de que él estaba a su lado.

Igualmente pasó con Bakura, quien rápidamente encontró a Atem de nuevo en su vista, pues Ryou acababa de llegar junto a Yugi, con el libro de nuevo guardado.

— ¡Yugi! —lo llamó el albino, corriendo el tramo restante hacía el tricolor.

—Hola Ryou, me alegra verte.

—Y a mí me alegra que hayas decidido venir al fin —le regresó con una pequeña sonrisa —por un momento pensé que desistirías.

—Ojala pudiera —suspiró el menor —Joey es capaz de ir y sacarme a rastras de mi casa si no me presento —Ryou no ocultó las risillas que le provocó tal afirmación. Bakura estaban tan encantado de verlo reír —aunque, no sé para que llegué temprano si él nunca lo hace.

Una pequeña sonrisa se pintó en los labios del albino —qué te parece entonces si vamos al quiosco de la esquina por algo de tomar mientras llegan ellos —ofreció.

—Por mí, perfecto —sonrió de vuelta el tricolor.

Ambos caminaron hacia el lugar acordado, pidieron dos bebidas calientes y se sentaron en una mesa a disfrutar su pedido y hacer tiempo.

—Oye Ryou ¿puedo preguntarte algo? —dudó el tricolor.

El aludido asintió, pasando un trago de su bebida —claro, dime.

— ¿Por qué quisiste venir a esta locura de Joey?

— ¿Es interesante, no lo crees? —dijo nada más con una sonrisa. Yugi solo suspiró — ¿puedo preguntarte yo algo?

—Desde luego —concedió.

El albino se mordió un poco el labio inferior, dudoso —Tu querías a Atem ¿cierto?

El espíritu aludido se sonrojó. Bakura se rio, sobretodo cuando Yugi empezó a toser, tras casi ahogarse con su bebida ante la inesperada pregunta.

— ¿A-A qué vino eso? —se limpió nerviosamente la comisura de la boca con una servilleta.

—Perdona ¿fui muy metiche? —se mostró apenado.

—N-no, yo solo... M-me tomaste por sorpresa —excuso, algo sonrojado.

—Está bien si no...

—Yo no le quería, Ryou —Atem se quedó frío —yo lo quiero... Mucho —corrigió, agachando un poco la cabeza.

Jajajaja, debiste haberte visto la cara jajajajajaja —se burló Bakura.

— ¿Y tú a Bakura?

Esta vez el yami albino se quedó callado y atento a su luz —como a nadie más en el mundo —reveló el de ojos verdes, con una tierna sonrisa y un ahogado suspiro.

Las mejillas de Bakura se tornaron de un fastidioso rojo, cosa que se ganó claramente la burla del tricolor.

—Ahora que lo recuerdo… ibas a preguntarme algo el otro día en clases pero Joey y Tristán no te dejaron terminar —evocó el de ojos amatistas, queriendo apartar el tema — ¿qué era?

—Yugi, si tu… ¿si tu pudieras traerlo de vuelta, lo harías?

El más pequeño se quedó tenso ante dicha pregunta, se pensó un poco su respuesta —no lo sé —aquello sorprendió a los tres muchachos que le escuchaban —quiero decir… después de todo lo que pasamos para recuperar sus memorias y que él pudiera saber todo de su pasado —con la mirada algo perdida, Yugi estiró sus brazos por la pequeña mesa en la que estaban y recargó su cabeza en ellos —se supone que él está ahora donde debe ser y yo debería estar feliz por eso… pero no puedo evitar extrañarlo tanto —expuso su dilema —aquel duelo significó una separación entre ambos… que yo haya ganado significó que ya no necesito de él para enfrentar lo que venga pero… no significa también que, emocionalmente hablando, yo estuviese listo para dejarle ir.

Ryou le miró entre triste y comprensivo, colocando una mano en el brazo de su amigo. Atem por otro lado, deslizó lentamente sus manos por los hombros de su compañero, sintiendo aquel dolor como el suyo propio, pues él también le extrañaba enormemente.

—Te comprendo Yugi… créeme que lo sé —suspiró el albino, para luego llevar sus manos al pequeño bolso que colgaba a su espalda, y en el cual Yugi no había reparado hasta ese momento —quiero mostrarte algo… es… es un secreto, es muy importante para mí y creo… que puede ayudarnos ahora.

Ryou sacó aquel libro antiguo de su bolso y se lo pasó al tricolor, quien se sentó de manera correcta de nuevo para recibir el libro entre sus manos.

— ¿de bolsillo? —repitió luego de leer el título.

 Bakura se rio un poco, Ryou también —sí, Bakura y yo dijimos exactamente lo mismo… te sorprenderás.

Yugi empezó a leer la introducción mientras Ryou le contaba como lo había encontrado.

El ultimo capitulo le fue especialmente interesante.

Capitulo cinco: …Maldita sea, no hayo un buen título para esto.
Okey, el resto son sólo páginas en blanco, quería asustarlos con un libro súper enorme ¡Ja!
Y en cuanto al final…
Los entes energéticos que se ligan a ti son molestos pero, como mencioné antes, más de un caso hay documentado en que el humano termina encontrando en ese ser, su alma gemela y no pueden esperar a morir para tener entre sus brazos al ser amado (o estar entre los de él, depende de la situación) para eso les estoy contando esto.
Repito, no es bueno enamorarse de tu ente ligado, pero tomando en cuenta lo posesivos, celosos, sobreprotectores, lindos y sobre todo calientes y provocadores que llegan a ser algunos… pues no te culpo. Sé de primera mano lo angustiante y moralmente problemática que se vuelven para ti las cosas.
Este hechizo ha pasado de generación en generación por muuuchisimos milenios más de los que puedas imaginarte. Creo que las creadoras originales fueron las primeras hechiceras, mujeres que perdían a su ser amado (semi-dioses o ‘gente’ que hoy en día es considerada leyenda… sí, te dije que esto se remonta mucho tiempo atrás) en guerras o por muertes violentas y los espíritus de estos, en vez de descansar en paz, las seguían jodiendo como almas en pena, así que ellas decidieron crear una forma de volverlos al plano físico… o al menos intentarlo.

Sí la entidad que está ligada a ti llegó a través de un objeto mágico, un artículo hechizado, una posesión maldita o como quieras llamarle ¡Tienes una jodidamente envidiable buena suerte! Te será más fácil manejar la situación. A quienes no entran en esta categoría pues esperen unas pocas líneas más abajo, ya voy con ustedes.

Bien, tú que encajas en la primera descripción, presta mucha atención. Si decides seguir adelante ten en cuenta que tu ente no pasará a ser una persona común y corriente como tú, para nada; seguirás siendo la única persona con capacidad de verle (claro, más allá de los videntes y toda esta gente con dones genuinos) a excepción de otras personas que pasen por lo mismo que tú, sin embargo su existencia en este plano se volverá más… real por así decirlo, más física si así lo prefieres. Estoy segura de que antes eras capaz de sentirlo: su tacto, su aliento y cualquier otra caricia que seguramente él o ella te ha dedicado (porque si quieres hacer esto es por algo) pero ahora serás capaz de sentir su calor, su embriagante olor, la posesividad de sus brazos rodeándote, la humedad de su lengua en tu boca, o tu cuello, o tu pecho, o ya sabrás tu donde, eh (inserte aquí mirada pícara). Si eres de esas chicas a las que les encanta que las carguen en brazos pues ¡felicidades! seguramente será de lo primero que él haga. Resumiendo, en lo que respecta a ti será todo lo real que nunca llegará a ser pero no te agobies, no se le subirán los humos a la cabeza, seguirá tan ligado a ti y al objeto en cuestión como siempre y si llega a comportarse como un/a patán puedes darle un escarmiento encerrándolo un ratito, ya verás que al poco tiempo estará rogándote porque le perdones y le dejes salir, ofreciéndose a compensarte como más te guste (y créeme, son muy buenos adivinando lo que te gusta, algunas cosas incluso antes de que a ti mismo se te ocurra)  
Y ahora, para no alargar más la cosa aquí está el hechizo que debes recitar, más allá del objeto por el que llegó a ti no necesitas ojos de araña ni alas de murciélago o ninguna de esas tonterías en una vieja caldera con agua hirviendo, te lo aseguro. Simplemente debes concentrarte, probablemente no lo sepas pero si un ente energético se enlazó contigo es porque tú mismo/a contienes una fuerza espiritual/carga energética/magia/como diablos quieras llamarlo muy poderosa que lo hizo empatizar contigo; así que haciendo uso de toda esa carga energética podrás brindarle fuerza a tu ente y realizar el conjuro ¿listo? Aquí vamos.

Acércate a él y recita esto, asegurándote de pronunciar todo correctamente y haciendo espacios al final de cada línea.
(Se los dejo por si no han leído el fic anterior)

— ¿Usaste el primer hechizo con Bakura? —preguntó, luego de haber leído el ultimo capitulo.

—Sí —admitió sonrojado.

—Vaya suerte —le sonrió el tricolor.

—Lo sé.

— ¿pero qué tiene que ver con esto? Es decir, ellos ya no están con nosotros.

—Sigue leyendo —golpeteó en la página siguiente con su dedo índice.

Luego del hechizo que involucraba a los entes que no estaban ligados a un objeto había un poco más.

Luego de todo este rollo (¿verdad que es muy complejo todo esto?) se también que hay ocasiones en las que puede haber percances con esa gente tan metiche (entiéndase exorcistas y semejantes) o que puede pasar que hay ocasiones en las que el ente no tiene energía suficiente para manifestarse y tienes que, de alguna manera, invocarlo.

Debería advertirte que no lo hicieras, pero se qué no me harás ni puto caso, así que vamos con el ultimo hechizo que puedo ofrecerte.

Necesitas hallar una forma de comunicarte con él o ella, y establecer una conexión con este ente. Cuando tengas eso deberás recitar el encantamiento, pero debo advertirte que esto te desgastará mucho pues absorberá gran parte de tu energía. Ya está bajo tu criterio el cómo y dónde hacerlo.
Para facilitarte las cosas te recomiendo un lugar cargado de energía, podrás reconocerlos fácilmente pues te provocará escalofríos con solo pisar el sitio; claro que lo más común son sitios como iglesias, cementerios, pero créeme que hay muchos lugares idóneos, no tan obvios en todas partes del mundo.    
   

Los ojos de Yugi estaban húmedos y temblando —Ryou ¿tú crees que funcione?

—Realmente creo que entre los dos, podemos... Es mejor probar que quedarse con la duda ¿no crees, Yugi?

Atem lo miró expectante. Yugi abrió la boca para responder, pero lo que se escuchó fue el tono de su teléfono.

— ¿hola?

— ¿Qué pasa Yug? ¿Te arrepentiste? —la voz de Joey fue lo primero que se escuchó.

—No.

— ¿Dónde estás?

—Estoy con Ryou en la esquina —informó —la calle estaba muy solitaria para que nos quedáramos a esperarlos allí, ya vamos para allá.

—Bien, estamos junto a la entrada —dijo el rubio, antes de colgar.

El oji-amatista suspiró, guardando su teléfono —vamos Ryou, nos están esperando —ambos se pusieron de pie.

— ¿Yugi? —el albino llevó tímidamente una mano al brazo de Yugi, aun esperando una respuesta.

Yugi le sonrió —hay que intentarlo.

Las cejas de Ryou se arquearon hacía arriba de felicidad, sintió el impulso de abrazar a su amigo y no se contuvo de hacerlo.

— ¡Gracias Yugi! —rodeó con sus brazos al tricolor con visible entusiasmo.

Yugi se sonrojó ante el arrebato de su amigo pero correspondió como pudo al abrazo, tratando de ignorar las miradas nada discretas de la gente a su alrededor.
Caminaron el tramo de regreso con los ojos brillantes de decisión, una sonrisa plantada en sus rostros y su respectivo yami consigo.

—Hola amigos —saludó el tricolor al llegar al encuentro con los otros dos.

—Genial, ya que estamos ¡que empiece el show! —dijo Joey entusiasmado.

—Bien ¿Cómo se supone que vamos a llegar hasta allí? —el oji-amatista se cruzó de brazos.

—Tu confía en mí, Yugi y no hagan ruido —los calmó el de ojos ámbar, caminando pegado al muro.

Yugi se miró con Ryou, con una cara que decía claramente “¿Cómo terminamos metidos en esto?” El albino simplemente se encogió de hombros con una sonrisa.

Pasaron del edificio central con relativa facilidad, luego esperaron escondidos a que el centinela terminara su ronda por aquella zona y caminaron hasta una esquina bastante oscura.

La puerta se veía vieja, con algunos golpes incluso, la madera estaba rasgada en la esquinas y las bisagras por demás oxidadas, el latón de la cerradura estaba despintado; en general una imagen no muy prometedora.

—Bien ¿Cómo planean entrar? —cuestionó de nuevo el tricolor.

—Sencillo —Joey sacó de su bolsillo una llave que introdujo en la cerradura de la vieja puerta —voilá

— ¿De dónde sacaste esa llave, Joey? —preguntó ahora el albino.

—Tristán y yo la conseguimos en un pequeño momento de distracción del tipo de mantenimiento —se regodeó el rubio, haciendo dar vueltas el pequeño llavero en el que colgaba la llave gris.

Ryou se permitió unas risillas mientras que Yugi negó con la cabeza —esto no está para nada bien —murmuró.

El rubio sacó de su mochila un par de linternas, le dio una al tricolor y la otra se la quedó él. Encendieron ambas y se adentraron en el salón.

Terribles escalofríos hicieron temblar a Ryou y Yugi apenas dieron un paso dentro de aquel sitio, la piel se les erizó, el corazón se les aceleró y la respiración se les atoró unos momentos: definitivamente era el lugar perfecto para hacer un hechizo.

Las librerías y estantes estaban llenos de polvo y telarañas, un pequeño estornudo no se hizo esperar. Joey y Tristán, que iban al frente, voltearon a ver.

—Lo siento —se disculpó Ryou, toqueteando la punta de su nariz con su mano derecha —mucho polvo me hace estornudar.

—Viejo, este lugar está en la ruina —comentó el moreno, mirando algunas mesas viejas, sillas rotas y el montón de antiguos libros polvorientos.

—La verdad sí —admitió Yugi — ¿sabes que aún no estoy entendiendo el punto de haber venido aquí? —Yugi vaciló la luz de la linterna por varios lugares hasta que se topó con una telaraña que aún tenía la araña, por lo que la silueta se proyectó en el techo tenebrosamente.

¡Yaaaaaaaami!” Yugi se mordió los labios para no soltar un quejido digno de un cachorro sollozante.

¿Lo estás notando? —preguntó el oji-vino al otro espíritu.

Sí, hay aquí hay algo más… y no parece nada bueno —ambos pares de ojos espulgaban el lugar con astucia.

—Yugi… no se tu pero estoy sintiendo algo muy extraño aquí —le dijo en voz baja, arrejuntándose tanto al tricolor que sus hombros se rozaban.

—Lo sé, Ryou… esto no me está gustando nada.

Para cuando volvieron su atención a sus dos amigos, Tristán estaba extendiendo una manta sobre el piso, lo suficientemente grande para poder sentarse los cuatro, y Joey estaba sacando algo de su mochila, como una tabla…

…Era una tabla Ouija.

— ¿En qué estás pensando? —casi gritaron los dos hikaris.

Joey rio — ¿qué les pasa? —colocó la tabla en el centro de la manta y sacó enseguida el puntero.

—Joey… te estás metiendo en terreno peligroso, es mejor que no sigas con eso —advirtió Ryou.

Atem pensó que esa era la primera vez que se molestaba tanto con Joey, estaba poniendo a Yugi indirectamente en peligro. Lo que estaba en aquella habitación, aun no descifraba lo que era, pero no era para nada bueno, eso seguro.

La carga energética del lugar se turbaba más a cada minuto.

—Oh vamos chicos —se quejó el acusado —esto es un clásico para Halloween.

—Que se llame “el juego de la Ouija” no quiere decir que sea algo a tomarse a la ligera, ni mucho menos a burla Joey —siguió diciendo Ryou —podemos meternos en un buen lio.

—Creo que has tenido suficientes experiencias extranormales como para que vengas a infravalorar lo desconocido, Joey —lo apoyó Yugi.

— ¿No me digan que en serio tienen miedo? —los tentó, pero ambos parecían firmes en su postura — ¿y si lográramos contactar con Atem, Yugi?

El aludido frunció el ceño. Bakura rodó los ojos. Ryou clavó los suyos inmediatamente en el tricolor a su lado mientras que las joyas amatistas temblaron —Yami —murmuró su nombre con dolor.

—Joey, no creo que ese comentario fuese muy correcto —regañó el albino, preocupado por Yugi.

El acusado ahora parpadeó varias veces — ¿qué dije de malo? —por respuesta recibió un puñetazo de Tristán en la cabeza — ¡Auch! ¿Por qué fue eso? —se quejó.

—Yo… —empezó a balbucear Yugi, pero algo lo detuvo — ¡¿Qué fue eso?! —gritó de la nada, aferrándose sin querer al brazo de Ryou, quien se llevó un sobresalto similar.

¡Aibou/Yadonushi!

A su lado había pasado una fría ráfaga de aire, como si se hubiese abierto una ventana de golpe, además, gracias a la luz de la linterna, se notó una extraña sombra moverse de forma muy rápida a su costado.

— ¿Qué fue qué? No trates de asustarnos Yugi —se quejó Tristán.

— ¡No me lo estoy inventando! Acaba de~

Un nuevo grito se escuchó, esta vez fueron los propios Tristán y Joey gritaron cuando la ráfaga fría le corrió esta ver por sus costados.   

Aquella sombra había vuelto a pasar.

— ¡Chicos esto es una pésima broma! —se quejó Ryou con el entrecejo fruncido.

— ¡Te juro que nosotros no lo hicimos, Ryou! —se defendió Tristán, con una cara que delataba pánico.

—N-n-n-no hay por qué perder la calma —tembló Joey, nada convencido —e-e-eso pudo ser un poco de brisa que ha entrado por la ventana.

— ¿Por cuál ventana? ¡Si este lugar está cerrado! —le gritaron los tres restantes a coro.

Joey se hizo chibi en la esquina cercana, lloriqueando.

La sombra corrió de nuevo por detrás de ellos. La brisa volvió a soplar. Un par de libros se cayeron.

Los cuatro gritaron.

Bakura y Atem se miraron entre sí, esto estaba pasando a mayores —esto no me está gustando —dijo el tricolor.

¿Recién? No quiero que Ryou esté más así —Bakura seguía mirando alrededor, tratando de ubicar el meollo de la energía negativa —ambos son los más propensos a que les pase algo ¿lo sabes, no?

Ryou recogió uno de los libros que se habían caído, luego de dos minutos de silencio.

— ¿Qu-qué es? —Joey no dejaba de temblar.

—Es una historia de ficción —declaró, mirando al portada y al contra portada, sin retirar el pulgar de entre las páginas en las que había caído abierto —espera, hay algo subrayado en las páginas que quedaron abiertas.

— ¿Qué pone? —se acercó Yugi con la linterna en mano.

— “Y luego de que la presión explotara en su cuerpo, lo decidió, no podía seguir. Tomó una cuerda, una silla en la que subirse y poder colgarla en el techo, y sin más dilación, hizo lo que tenía que hacer” —leyó todo lo que estaba señalado, con las manos temblando.

—Ay mi madre —la voz de Joey sonó como un cachorro llorando.

Tristán fue a recoger el otro libro que había caído, también abierto en una parte especifica que tenía señalada un párrafo —e-este también tiene algo.

Yugi fue quien se atrevió a leerlo — “Era el momento de decir adiós. Adiós a su familia, adiós a su mascota, adiós a aquel chico que le hacía siempre sonreír y acelerar su corazón, adiós a sus amigos y a todo lo que amó. Ese sería el fin de todo, donde su sufrimiento había comenzado —al oji-amatista le tembló la voz al leer lo último —en aquella escuela. Tomo valor, y saltó. Adiós”

Casi podían sentir la sangre helárseles en las venas. El silencio que reinó en los próximos dos minutos era tan sepulcral que por poco no se escuchaban los -insanamente acelerados- latidos de sus corazones.

Nadie dijo nada, los cuatro pares de ojos vacilaban por todos los sitios que entraran en su rango de visión, nadie se movió un centímetro; se pudo haber caído una aguja todos lo escucharían…

Hasta que, a sentir de los cuatro muchachos, el piso empezó a temblar levemente, cuatro o seis libros más cayeron, y las lámparas empezaron a parpadear.

Era el momento de mandar todo a la mierda.

Cuando uno de los libros, con portada roja, cayó a los pies de Ryou, este no reprimió el chillido angustiante que nació en su garganta y retrocedió hasta dar con un librero por el cual corrió hasta adentrarse en el laberinto de estantes altos que se creaban en aquel viejo salón.

—Ryou —Yugi no tardó en ir tras su amigo, dándole un par de palmadas a la linterna cada vez que amenazaba con apagarse —espera.

— ¡Yugi! —Tristán se dejó caer sobre la manta, el miedo del momento era tal que estaba prácticamente paralizado. Se miró con Joey; la pregunta era ¿qué hacer ahora?

— ¡Ryou! — Yugi alcanzó a tomarlo del brazo para hacer que detuviera su pequeña carrera —guarda la calma.

Ryou se dejó caer lentamente hasta el piso, recostando la espalda en un librero —lo siento... La verdad es que me gustan este tipo de cosas,, pero no logro tolerarlas sin Bakura a mi lado —sollozó.

El de ojos lilas deseó con fuerza poder acunarlo entre sus brazos y hacerle saber que estaba con él.

Yugi agachó la mirada unos segundos, luego se arrodilló a la altura de su amigo, colocando una mano en el tirante del pequeño morral que traía consigo —entonces no esperemos más —Ryou lo miró —saca ese libro, hagámoslo.

—Yugi —los ojos de Ryou temblaron de anticipación — ¡Sí! —sentándose mejor en su lugar sacó el libro y lo abrió en las últimas páginas escritas.

Las instrucciones eran claras y precisas, debían de invocar el alma de la persona a quien querían aplicar el hechizo, para ello se necesitaba, o de un objeto importante para ambos, o de dibujar un símbolo que también fuera significativo.
Ambos hikaris extrañaron en ese momento sus artículos milenarios, más que en los dos meses transcurridos, pero se miraron a los ojos y supieron de inmediato lo que tenían que hacer.

Mientras Yugi se quedó junto al libro, alumbrando con la linterna, Ryou buscaba algo con lo que dibujar en el piso; afortunadamente encontró un par de tizas*

Entre ambos dibujaron el ojo de Horus en el suelo, todo lo grande que les permitió el pasillo.

Lo hicieron muy bien —comentó el faraón.

Así es —Bakura se notaba muy inquieto, su impaciencia podía con él. Aunque Atem estaba en las mismas, guardaba mejor las apariencias y se permitió unas risas a costillas del oji-lila.

— ¿Listo? —preguntó Ryou. Yugi asintió.

Muy bien, vosotros dos —por detrás de los yamis apareció de nuevo Anubis, provocándoles un nuevo sobresalto —no me cansaría de esto —rio para sí en voz baja —estad preparados, esos dos angelitos no pueden hacer todo el trabajo, tenéis que ayudarlos.

Ryou cerró los ojos y se llevó las manos al torso, donde estaban las eternas cicatrices diminutas que le quedaron tras las veces que la sortija se le incrustaba en la piel —Bakura… —le llamó dulcemente, y el mayor se posicionó tras él, colocando ambas manos en sus hombros para dirigir la poca energía que tenía y la de Ryou en el mismo cause.

Yugi también cerró sus ojos, tocando primeramente su gargantilla hasta deslizar sus manos al centro de su pecho, recordando tantas veces que acunó con cariño a su rompecabezas para redirigir el deseo de abrazar a Yami con amor —Yami… —el faraón imitó la acción de Bakura, empujando su energía junto a la de Yugi.

Anubis se colocó en medio del dibujo en el piso, ayudando.

El lugar se llenó de niebla. Ryou y Yugi sintieron como todo se hacía más pesado.

Lo estás haciendo muy bien Aibou/Yadonushi —el sobresalto que se llevaron ambos estudiantes fue importante. Abrieron los ojos pero antes de poder moverse un milímetro, la voz de Anubis irrumpió.

Sí, sí, sí. Después les coqueteáis, ahora a lo que importa, que entre más demoren más se cansan estos angelitos —los aludidos no pudieron evitar sonrojarse —recitad el hechizo, linduras, se aproxima la medianoche —advirtió. Aun sin poder haber visto a su respectivo yami, quienes se mantenían a sus espaldas, ambos fijaron su vista en el libro —Si lo hacen juntos, será más sencillo.

Anubis hincó una rodilla donde estaba y tomó las manos de ambos hikaris, juntándolas.

Haciendo caso, Ryou rodeó la muñeca de Yugi con sus dedos y el tricolor hizo lo mismo.

Ut exaudias deprecationem cor meum
Dolore suo clamat:
Adiuva me, inveniet anima est
Sunt enim ad invicem
Quaeso, sanare contritos vinculum
Et eduxit me amari*

La niebla entonces se convirtió en luz lentamente. Anubis hizo aparecer entre sus manos un bastón cuya punta era una cabeza de chacal y con la base del mismo golpeó justo en medio del ojo en el piso.

La luz se volvió enceguecedora.

Luego de que todo se hubiese calmado, los cuatro en el piso se miraron con su respectiva contraparte.
Los ojos de los hikaris se humedecieron en lágrimas de felicidad.

— ¡Yami! —Yugi no dudó en refugiarse en los fuertes brazos y el cálido pecho de su querido faraón —has vuelto... Yami —quería pronunciar su nombre una y otra vez, hasta que su mente procesara el hecho de que en realidad estaba ahí con él, que no era sólo un sueño.

—Así es, y no volveremos a separarnos, Aibou —prometió el mayor, rodeándolo amorosamente con sus brazos.

—Yami —susurró de nuevo, mientras enterraba su rostro en el pecho del oji-vino, perdiéndose en su embriagante aroma.

Ryou por otro lado estaba algo sonrojado, escudriñando a su yami con la vista, finalmente se decidió a llevar una mano a la mejilla del contrario, acariciándola lentamente mientras disfrutaba de aquella característica sonrisa confiada del oji-lila.

—Bakura —su voz era algo tenue, pero derrochaba dicha —estás aquí... ¡Estás aquí! —por poco el albino de ojos esmeraldas no se le lanzaba encima.

Cosa en la que Bakura no se reprimió. El oji-lila se arrastró más cerca de su luz y le tomó del mentón con una mano —Ryou... —y sin mediar una palabra más, se le fue encima, reclamando aquellos dulces labios que tanto había extrañado en un añorado, ansioso y hambriento beso.

Ryou sintió el impacto de su espalda contra el piso y el rápido reaccionar de la mano libre de Bakura viajando hasta la parte posterior de su cabeza para evitar cualquier golpe.
Su cuerpo vibró entero al sentir aquel beso, reconociendo inmediatamente el ser a que se había entregado en cuerpo y alma, el único que había conocido cada rincón de su piel... El único que lo hacía sentir completo.

—Kura —murmuró en medio del beso, rodeando sin dudar el cuello del mayor con sus brazos mientras respondía al beso con la misma necesidad y pasión con las que él se lo imponía, arqueando ligeramente la espalda para que Bakura pudiese bajar libremente su brazo desde su cabeza hasta rodear su fina cintura con la propiedad de siempre.

En ese momento para Ryou sólo existía Bakura, olvidó por completo que Yugi estaba con él y así mismo el faraón. La añoranza del ser amado era tanta que fácilmente pudo haberse le entregado en ese lugar...

...Eso, si con un carraspeo, el tricolor mayor no se hubiera hecho notar.

Ryou ladeó la cabeza, respirando agitadamente y sintió su rostro bañarse en carmín al notar que un sonrojado Yugi trataba de no mirarlos de reojo. Más encima, el faraón estaba ahora mandándole una mirada desaprobadora a su yami mientras apresaba más a Yugi entre sus brazos, como queriendo ocultarlo de la escena anterior.

¿Qué decía anterior? Si aún se hallaba bajo el cuerpo de Bakura, a su total merced.

Aprovechó que Bakura le regresaba al otro yami una mirada molesta, por la interrupción, para salir de debajo suyo y poder ponerse por fin en pie.

—Lamento eso —le susurró a su amigo, caminando hasta quedar frente a los tricolores para tenderle ambas manos al oji-amatista.

Aun algo sonrojado, Yugi se separó de los brazos del faraón, para aceptar el gesto del albino y ponerse en pie igualmente —Descuida… y gracias —le ofreció una dulce sonrisa.

—A ti, Yugi —Ryou lo abrazó.

Atem y Bakura también se pusieron de pie. El albino fue el primero en jalar a su luz para separarlo del otro —yadonushi —lo llamó en un susurro.

Ryou se giró hacia él con su sonrisa más dulce —te quiero, Kura —lo abrazó —te eché tanto de menos —ahuecó la cabeza en el cuello del más alto.

—Lo sé hikari —Bakura acercó su nariz a la esponjosa melena blanca, olfateando aquel delicioso aroma que conocía a la perfección —yo también te quiero.

Yugi sonrió al verlos, estaba por decir que deberían irse ya de ese lugar cuando los brazos de su amado le rodearon cuidadosamente la cintura desde atrás, atrayéndolo a su pecho —y tú ¿no tienes nada que decirme? —le susurró cariñosamente. Yugi se sonrojó más y empezó a balbucear — ¿me echaste de menos, compañero? —apoyó el mentón en el hombro de Yugi.

El menor tembló un poco —po-por supuesto que sí, mou hitori no boku~  quise decir, Atem —se corrió apenado.

El oji-vino ladeó la cabeza, acariciando la sensible piel del cuello ajeno con su mentón —Con Yami basta… me gusta ese nombre, Aibou —Yugi se sonrojó.

—Yami… estoy tan feliz de que estés de nuevo conmigo —Yugi se dio la vuelta entre sus brazos y colocó ambas manos en el pecho del mayor —es que yo… yo te… —bajó la cabeza, tratando de controlar la sangre que subía a sus mejillas.

— ¿Qué ocurre, Yugi? —volvió a estremecerse, hacia tanto que no escuchaba su nombre de esa seductora voz. Yami subió una de sus manos a la mejilla del menor, rodeando más su cintura con el otro brazo.

El menor se puso en puntillas, juntando sus labios repentinamente con los de su yami —te amo —se atrevió a decir, en un tímido susurro, agachando la cabeza una vez más.

Yami agachó la suya, juntando ambas frentes —Yugi… no sabes lo feliz que me hace escucharte decir eso —le acarició la mejilla —yo también te amo, mi pequeño… todo este tiempo lejos no he dejado de pensarte, mucho menos de extrañarte —le regresó el beso.

Finalmente Ryou se tomó un respiro lejos de los labios de Bakura, quien había vuelto a besarlo —será mejor que busquemos a Joey y Tristán para salir de aquí.

—Ryou tiene razón —Yugi se salió de entre los brazos de Yami — aún hay algo aquí que me provoca una escalofriante sensación —se abrazó a sí mismo.

Yami y Bakura se miraron entre sí —eso es porque hay aquí un alma errante —declaró Bakura.

—Lo supuse —mencionó Ryou — ¿recuerdas esos libros que cayeron primero? —miró a Yugi.

— ¿Crees que intentaba dar un mensaje? —le preguntó de regreso el oji-amatista.

—Ha de ser alguien que estudió aquí, quizás cuando esta biblioteca aun funcionaba —supuso el oji-esmeralda, mientras los cuatro caminaban de regreso a donde estaban los otros dos estudiantes.

Para su sorpresa, ambos estaban desmayados en el sitio.

— ¿Y ahora? ¿Qué les pasó a estos dos? —Yugi se inclinó a revisarlos a ambos mientras Ryou fue a abrir la puerta.

—Yugi… no quisiera decir nada… pero esta puerta no se abre —reveló el albino menor.

— ¡Qué! —chilló el tricolor.

—Es eso —declaró Bakura —no nos dejara salir hasta que no esté satisfecho.

— ¿Pero qué quiere? —cuestionó su hikari. En respuesta, el puntero sobre la tabla ouija empezó a moverse por sí solo — ¿para qué hablé? —Ryou se aferró al brazo de Bakura.

—Está escribiendo algo —estableció Yugi.

—H-I-K-A-R-I —deletreó Yami según se detenía el puntero.

— ¿Luz? — cuestionó Bakura. Ryou y Yugi se dejaron caer al piso.

—Yami/Bakura, no me siento bien —dijeron a coro, llevándose una mano a la cabeza.

¡Yadonushi/Aibou! —se agacharon a sostenerlos.

—Trata de drenar su energía —dijo Bakura con molestia, levantando a su contraparte.

—Sí, pero ellos están muy débiles por el hechizo —se quejó Yami, sosteniendo a Yugi —hay que hacer algo.

—Ya-Yami —murmuró débil.

Un nuevo libro cayó a los pies de los albinos y Ryou, literalmente, saltó a los brazos de Bakura, como Scooby a Shaggy.
Yugi alcanzó el libro con su mano y miró las paginas abiertas, de nuevo tenían una parte señalada, esta vez con resaltador.

—“A esas alturas del juego… simplemente quería irse a descansar” —leyó apenas —espera… no quiere hace daño… simplemente quiere estar en paz.

—Por eso está tras ustedes —suspiró Bakura, aun sin bajar a Ryou.

— ¿A qué te refieres? —preguntó Yugi.

Vosotros dos, par de angelitos, sois prácticamente una vela para las almas en pena —apareció Anubis por tercera vez en la noche. Yugi y Ryou se sonrojaron por sus apodos, en cima el dios egipcio se acercó a poner cada mano en una de sus mejillas.

— ¡¿Qué crees que haces?! —se quejaron Bakura y Yami.

Solo cobro mi pago por ayudaros —se encogió de hombros —no os mováis, linduras, sólo serán unos segundos y no dolerá, os lo prometo —agregó, cerrando sus ojos azul cian.

La sombra negra que, momentos atrás, incordiase a los cuatro estudiantes, empezó a moverse de forma violenta e inestable a su alrededor. Ryou luchaba por no tiritar demasiado en los brazos de Bakura, mientras que Yugi se aferraba a la chaqueta azul que traía Yami sobre su playera negra.
La sombra se dividió en dos, una envolvió a Ryou y la otra a Yugi, pasando entonces por distintos colores hasta terminar en un reluciente blanco azulado, el cual fue extraído por las manos de Anubis, que las retiro lentamente de los rostros, visiblemente agotados de los hikaris.

Eso está mejor —el alma, ahora tranquila, tomó una forma humara etérea, era una chica, probablemente no pudo ser mucho menor que los hikaris cuando falleció, tenía el pelo esponjoso y a medio recoger en una trenza por sobre su hombro derecho, tenía unos grandes lentes en su rostro redondeado y pequeños ojos decaídos —muy bien pequeñaja, llevas aquí un par de décadas, por fin es hora de irse.

Sí… muchas gracias —la fantasma se inclinó a besar las mejillas de Ryou y Yugi, justo donde Anubis los había tocado —por ayudarme y lamento haberlos asustado —el alma entonces se convirtió simplemente en una esfera de luz que vaciló alrededor de Anubis

Adiós hijo de Ra, pelo pálido —los aludidos gruñeron. Anubis se acercó un poco a Yugi —o debería decir, hijos de Ra —el oji-amatista le miró confundido — ¿sabes Atem? Más que consentirte a ti, creo que el Padre Sol gusta de consentir a este ángel —quiso burlarse.

—No me sorprendería —con territorialidad, Yami volvió a acomodar su cabeza en el hombro de Yugi sin dejar de mirar a Anubis. El mensaje era claro, ‘aléjate de mí chico’

Hasta la próxima, angelitos —se despidió Anubis, rodeándose de un humo gris claro y marchándose hacia la puerta de aquella biblioteca, haciéndose más y más traslucido hasta que desapareció junto al alma que ahora llevaba, provocando de paso que la puerta se abriese.

Yami y Bakura soltaron un suspiro de tranquilidad cuando la deidad se marchó. Yugi y Ryou por mientras, se miraron entre sí.

Ahora solo quedaba algo pendiente.

… ¿Qué hacer con los desmayados, Joey y Tristán?

…Fin 

 

 

Notas finales:

* ¡turn dawn for what!!!

*Aclaro aquí que no es el Anubis de la película de la pirámide de la luz.

*tiza de pizarrón o el ‘gis’ creo que lo llamaban en la película de Matilda. No sé dónde se usa cual nombre

*El hechizo está en latín y viene significando algo como
“Escucha la triste suplica de mi corazón
Que en dolor clama su nombre
Ayudame a encontrar su alma de nuevo
Pues estamos destinados el uno al otro
Te suplico, cura el lazo roto
Y trae ante mí al ser amado”

 

¡Yupiiii! Lo logré a tiempo! *meneo mi cola*

Akefia: bien hecho, gatita *me acaricia entre las orejas*

^///^ Gracias cariño.

Bakura: e.e ustedes dos derraman miel desde que se hicieron novios.

Akefia: callate Bakura, que si mi nena hubiera seguido más este fic tu no hubieras dudado en "recuperar el tiempo perdido con Ryou"

Bakura: ¬///¬ 

*asiento* tiene razon jeje 

Bakura: Vah! Me largo 

*Akefia y yo reimos* ¡Feliz halloween a todos! Que coman muchos dulces, o disfruten de fiestas, o tengan disfraces cools o lo que sea xD

¡Buenas noches y que tengan hermosos fics llenos de yaoi! 


Si quieres dejar un comentario al autor debes login (registrase).