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Erfreuliche Folter por EdwardAndLoganx

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Una vez que tuvo la ubicación exacta del guardapelo y mandó a algunos de sus mortífagos por él, el señor oscuro pudo volver a la mansión Malfoy con su amante para tener una buena ronda de sexo. Extrañamente, lo primero que encontró al llegar fue a Narcissa temblando ligeramente mientras bebía una copa de vino. —Mi Lord. —Ella se inclinó, respetuosa.

 

— ¿Ocurrió algo cuando no estaba? —La mujer mordió suavemente sus labios antes de asentir con suavidad. Su evidente nerviosismo provocó que la curiosidad de Harry se despertara.

 

—Los aurores vinieron aquí. —Con su cabeza, señaló a su sobrino. —Lo estaban buscando. Por supuesto, no encontraron nada, afortunadamente sólo yo me encontraba aquí, pero ellos casi descubren que Bellatrix vive aquí.

 

— ¿Madre está bien? —Harry preguntó en voz baja, un poco preocupado por la bruja. Cuando Narcissa negó, soltó un suspiro audible. —Supongo que era de esperarse.

 

La mirada que le dirigió la mujer tenía un atisbo de interés. — ¿Qué quieres decir con eso?

 

—Piénsalo, querida tía. Los Malfoy siempre fueron conocidos como seguidores de Tom por muchas familias de la luz y Dumbledore es un mago muy influyente, ¿Cuánto crees que le costó convencer a algunos aurores de revisar esta casa para asegurarse de que el niño-que-vivió no estaba encarcelado aquí? Debo admitir que fue algo sumamente inteligente de su parte.

 

—Estoy de acuerdo con Harry. —Voldemort habló, enredando su mano en la cintura del menor posesivamente. —Su astucia me… Sorprende. Sin embargo, aun siguen siendo unos completos idiotas.

 

—Y eso es lo más divertido de todo. —Harry sonrió, una sonrisa sarcástica y cruel que le provocó terribles escalofríos a Narcissa. No importaba cuan arduamente lo intentara, ella simplemente no podía acostumbrarse al verdadero ser del chico.

 

Tampoco podía asimilar que este fuese su nuevo sobrino, mucho menos que el señor oscuro lo haya proclamado su amante. Era tan confuso y extraño, retorcido. Aun así, se mantendría callada por la seguridad de su familia y la suya. Era lo mejor.

 

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Albus miró con recelo su mano ennegrecida. Cada día se sentía más débil por la maldición, lo estaba matando lentamente. Si no fuese por Severus, habría muerto inmediatamente.

Él sabía de la tarea que le fue encargada a Draco. Aún sin Harry, planificó con el pocionista su muerte, todo con la intención de salvar al pequeño Malfoy y, quizá, reducir el horrible suplicio que Harry estaba sufriendo. No pudo evitar derramar unas cuantas lágrimas, era un pésimo mentor, una horrible persona. En sus hombros cargaba la enorme culpa de muchos acontecimientos de su vida, siendo Potter el peor de ellos.

Sí, el niño tenía que morir para que lograran vencer a Voldemort, pero eso no significaba que tenía que pasar por todo ese sufrimiento. Por primera vez, Albus deseó ser egoísta y dejar que Gran Bretaña se pudriera bajo el mandato del señor oscuro con tal de que Harry se fuera lejos y viviese una vida normal junto a sus amigos.

Por un momento, pensó que era lo mejor.

Paseó por la torre de astronomía, mirando la noche estrellada distraídamente y secando las crueles lágrimas que ensuciaron su rostro. Tales acciones lo tranquilizaban un poco, aunque no lo suficiente para dejar de abrumarse por sus pensamientos.

 

Fue sacado abruptamente de su zona de confort al escuchar pasos. Draco Malfoy lo señaló con su varita, temblando visiblemente y arruinando su perfecto rostro con una expresión de dolor. En ese momento, Albus supo que iba a morir. — ¡Expelliarmus!

 

El directo observó su varita caer estruendosamente al suelo. —Buenas noches, Draco. —Saludó, manteniendo la calma. Estaba preparado para eso, para morir.

 

— ¿Quién más está aquí? —El rubio parecía desesperado, dejándose llevar por su paranoia con rapidez.

 

Albus sintió tristeza por la situación del chico. —Es algo que yo debería preguntarte a ti, ¿O estás actuando solo?

 

—No. —Respondió, tajante. —Hay mortífagos aquí, en el colegio, esta noche.

 

La plática siguió su curso. Mientras más hablaban, Albus más sabía acerca de todo el pobre plan que Draco había creado para matarlo. Ciertamente, estaba un poco impresionado por la brillante idea del chico, aunque nunca lo demostró. —Al menos, antes de que lo hagas, ¿Podrías decirme cómo está Harry?

 

Dejó exponer su cansancio con esa pregunta. Malfoy parpadeó lentamente, como si estuviera confundido. —Él está bien. —Evidentemente, el mayor no creyó en sus palabras.

 

—Supongo que tu definición de “bien” ha sido cruelmente retorcida por Tom, ¿no es así? Aunque también supongo que lo disfrutas, de todos modos tú odiabas a Harry y nunca te permitiste conocerlo bien…

 

— ¡El que no lo conoce bien eres tú! —Histéricamente, Draco gritó, furioso. — ¡Mi querido primo no es ni siquiera un poco de lo que Harry Potter fue para ustedes! ¡No hables de él como si realmente lo conocieras!

 

Albus abrió sus ojos sorprendido, pero su respuesta fue interrumpida cuando la puerta se abrió. — ¡Dumbledore acorralado! —El nuevo invitado se giró a una mujer bajita, muy parecida a él, la cual sonreía con impaciencia. — ¡Dumbledore sin varita! ¡Dumbledore a solas! ¡Bien hecho, Draco, muy bien hecho!

 

—Buenas noches, Amycus. Y has traído a Alecto también. Encantador. —Observó atentó a los cuatro mortífagos, sobre todo al último de los cuatro. Extrañamente, era el único que portaba máscara, no pudo evitar fijarse en sus ojos verdes… Como los de Lily Potter.

 

Los hermanos Carrow y Fernir demandaron su atención. Con comentarios mordaces, lo distrajeron totalmente, a tal punto que no se percató cuando el mortífago desconocido se colocó detrás de Draco y lo felicitó por lo bajo. Se enfocó nuevamente cuando Amycus comenzó a exigirle al rubio que matara a Albus. —Hazlo o quédate atrás para que alguno de nosotros… —La puerta nuevamente se abrió, los ojos de Amycus brillaron enfermizamente. —Tenemos un problema, Snape. —Rápidamente habló, frustrado. —El chico no parece capaz.

 

Albus no podía dejar de ver al hombre de ojos verdes, los cuales estaba llenos de diversión y locura. Despegó momentáneamente su vista para dirigirse al pocionista, diciéndole silenciosamente que era hora de hacerlo. —Severus… —Suplicó. —Por favor…

 

La mano de Snape se levantó, lista para lanzar la maldición, pero otra más pequeña lo interrumpió en el proceso. —No. —El enmascarado ordenó con frialdad, mirándolo desdeñosamente. —Lo haré yo.

 

De su túnica, sacó una varita, una que Severus y Albus reconocieron muy bien. — ¿De dónde…? —Con lentitud, desapareció la máscara, dejando ver al niño que había visto en los recuerdos de Severus. Si no recordaba mal, su nombre era Orion.

 

—Oh, profesor Dumbledore, no tienes que lucir tan sorprendido. Mi lindo primo se encargó de darte una sutil advertencia, ¿Acaso no la captaste? —La extraña mezcla entre un Lestrange y un Black desapareció, dejando ver al dueño de su estrés y culpa.

 

—Potter… —El pocionista estaba paralizado por la impresión. Harry sonrió cruelmente, sus ojos brillando por la locura que tanto tiempo guardo en el fondo de su mente.

 

—Profesor Snape, siempre es un gusto verte. —Con elegancia, apunto su varita hacia el director. — ¿Sabes? Tenía la impresión de que me reconocerías aquella vez. Tom también estaba seguro de eso, pero al ver tu rostro me di cuenta de que todo salió como lo planeé, ¿No es así?

 

—Mi muchacho. —Albus interrumpió, su voz temblando. Estaba asustado, mucho, sobre todo porque, aunque se trataba de Harry, no lo reconoció. Ese no era el niño que por tantos años conoció, aquel niño inocente y humilde que vivía en la alacena de los Dursley. —Me alegra verte bien.

 

La sonrisa de Harry se ensanchó, causándole aún más terror. —Por supuesto que te alegra, mi querido director. —Uno de sus ojos se cerró en un guiño travieso. Albus estaba preparado para morir, pero no para hacerlo en manos del niño-que-vivió. —Avada Kedavra.

 

Y todo se volvió oscuro.


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